Publicado el 07-18-2012
De encuestas y sondeos
Por Manuel Márquez-Sterling
A poco más de 100 días para las elecciones nacionales es interesante lanzar una ojeada a lo que portentan algunas encuestas y sondeos. Veamos:
Hace apenas dos días la organización Gallup, dedicada a estas labores, finalizó una encuesta para el cargo de primer magistrado de la nación. El resultado arrojaba que en el voto popular Romney y Obama estaban empatados. Otras encuestas daban diferencias de dos o tres puntos favorecientes al ocupante de la Casa Blanca. Todo esto nos indica que, “No hay nada para nadie”, como se decía allá en aquella Cuba donde imperaba la civilización. O sea que los candidatos tenían que seguir trabajando a toda máquina y persignarse al pensar en el resultado de la encuesta final que es el voto del ciudadano el día de los comicios.
Hoy en día, especialmente en este país que lleva casi cien años de experiencia en esta cuestión electoral, las cosas son más sofisticadas y con factores que hay que conjugar al tratar de predecir el resultado final.
Por ejemplo, dos de estos factores son el sentido de la vergüenza del ciudadano cuestionado. Y el de los independientes y su rol en el sondeo.
En cuanto al primero, sobre todo en una elección en que el actual presidente trata de reelegirse estar empatado con su oponente no es un buen síntoma para producir una reelección. Se aduce que cientos de miles de electores que votaron a favor del presidente, que cuatro años antes había ganado con comodidad, como es el caso de Obama, tienen el sentido de la vergüenza de haberse equivocado y que en realidad no dicen la verdad. Que no van a votar otra vez por la misma persona.
Al respecto se trae a colación el caso de Carter y Reagan. Cuatro años antes Carter había triunfado con cierta dificultad sobre Ford, su oponente. Pocos días antes de la elección los sondeos indicaban, que “no había nada para nadie.” ¿Resultado? Reagan arrolló a Carter de una manera que nadie se sospechaba. ¿Estamos hoy en la misma situación?
Analicemos ahora el caso de los llamados independientes. Son muchos los que nos dicen que el independiente es realmente una ficción, que no hay tal cosa. Se dice que hay dos tipos de independientes: uno que tira para el lado republicano y otro para el demócrata y que su decisión final en más del 80% votar para el lado en que con frecuencia tira. Esto, es por supuesto en condiciones normales, ante lo cual uno debe preguntarse que ¿cuáles son las condiciones normales? Pregunta que queda sin respuesta.
Hay otro aspecto en esa independencia del votante. Ultimamente se ha observado que el independiente es el ciudadano que no está bien informado sobre las cuestiones políticas, que vive de los cintillos de los periódicos y que no lee a fondo sobre la complejidad de los problemas Se afirma que la victoria de Obama en el 2008 se debió a ese independiente mal informado, y esta opinión nos parece que da en el blanco, pues en esa victoria los jóvenes tuvieron mucho que ver. Es notorio que la juventud, que aun no ha entrado en el mundo del trabajo y de las responsabilidades familiares sino que está en Colegios y Universidades, vive en el mundo de la mal información y del voto irresponsable. Este votante es, por lo tanto, una víctima del cintillo cazador.
En fin estimado lector, la cosa es bien compleja en esta cuestión de los sondeos. Se dice que si la diferencia entre un candidato pasa de 5 puntos es cuando se puede tener cierta confianza en verse comprobada el día de las elecciones.
Cuando uno estudia esta complejidad no puede uno dejar de pensar en cómo se reportaba el tiempo en Cuba. Se decía casi siempre: “Lluvias diseminadas por todo el territorio nacional,” lo que era una forma de asegurarse el no estar equivocado. ¡Que sabios eran!
A veces pensamos que quizás en cuanto a predecir los futuros acontecimientos políticos los romanos de la antigüedad no tendrían el mejor método. Ellos frente a su capitolio observaban el vuelo de los pájaros, o auscultaban las entrañas de una res para hacer sus predicciones. Después de todo su República y su Imperio duraron unos mil años. Pero, no se desespere usted lector. Ya solo faltan unos cien días para saber que método es el mejor.
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