Publicado el 07-21-2012
Perspectiva
de una matanza
Por Helen Aguirre Ferré Diario Las Américas
La masacre en un cine de Aurora, Colorado, con un saldo de doce inocentes muertos, incluyendo una niña de seis años, más 58 heridos, lleva al país a un duelo nacional. Tal es así que tanto el Presidente Obama como el Gobernador Mitt Romney suspendieron las actividades de sus campañas políticas el viernes, incluyendo los anuncios políticos, la mayoría negativos, que normalmente son televisados. Hicieron bien. Nada se siente normal después de un crimen difícil de asimilar e imposible de comprender. Sólo se puede justificar como un caso de demencia.
A pesar de tantas medidas de seguridad que seguimos, como la de pasar por detectores de metal en los aeropuertos o edificios gubernamentales y las cámaras que están presentes anónimamente en tantas calles municipales deja en claro que frente a un desequilibrado siempre corremos el riesgo de peligro mortal. La verdad del caso, y a Dios gracias, pocas veces ocurre.
Aurora está a unas pocas millas de Denver y es la tercera ciudad más poblada de Colorado. Me dice Juan Carlos Gutiérrez, el presentador de Univisión Noticias TV de Colorado, que es una ciudad de clase media muy diversa con una significativa población hispana. El censo del 2010 muestra que 60% de la población es blanca no hispana, 28% hispana, 16% negra y el resto asiática, quienes trabajan en Denver o en la industria de defensa. Buckley Air Force Base lo rodea y compañías como Raytheon y Northrup-Grumman emplean a miles de personas. Irónicamente, crean y emplean tecnologías sofisticadas para vigilar a terroristas en las esquinas más oscuras del mundo, sin saber que tenían a uno igualmente loco y despreciable a sus alrededores.
El sospechoso detenido por la policía es James Holmes de 24 años. Según informaciones de prensa estaba sacando su doctorado en neurociencia en la Universidad de Colorado pero estaba en proceso de darse de baja de dicho programa. Un hombre solitario de muy bajo perfil no llamaba la atención de ninguna manera hasta el momento de convertirse en un asesino. Sus padres, que viven en San Diego, California, han expresado sus condolencias a las familias afectadas y piden algo que difícilmente encontrarán, respeto a su intimidad. Su hijo se los ha negado.
Poner en perspectiva algo tan incomprensible como el menosprecio o desdén por la vida humana es difícil. Ya se sabe que gente mala y desequilibrada siempre ha existido; la historia y la literatura están repletas de ejemplos de mentes trastornadas que hacen el mal. Como es lógico, tendremos conversaciones y debates sobre la fragilidad de la familia, los padres que nos despreocupamos de nuestros hijos dependiendo demasiado de las escuelas y la tecnología para la crianza, claramente una equivocación. Les puedo asegurar que habrá un nuevo debate sobre la propagación de la cultura de armas y la libre venta de ellas. El sospechoso Holmes usó armas semiautomáticas de guerra que, según informaciones preliminares, compró legalmente. Las municiones las compró en el Internet. Escribe una colega en el National Review que si queremos prohibir la venta y uso de armas también deberíamos de prohibir el crimen. Su punto es bien recibido.
Los crímenes ocurren. ¿Se propagan más hoy en día? El año pasado hubo una terrible matanza en un campamento juvenil en Noruega donde otro asesino mató a un sinnúmero de jóvenes simplemente por el hecho de que se encontraron en su camino.
Estamos ante un momento de pausa, reflexión, oración y familia. Mañana comenzamos de nuevo.
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