Publicado el 07-28-2012
La Importancia de
los Valores de la Familia
en la Sociedad
Todo tiempo es propicio para comentar el tema que gira alrededor de los valores de la familia. Esos valores en muchos aspectos están en crisis y son atacados por leyes y costumbres a través del uso de la tecnología moderna con la complicidad muchas veces de grandes empresas comerciales o industriales que estimulan con sus carísimos anuncios la divulgación de modas y normas contrarias a la moral. Esas normas y esas costumbres debilitan fundamentalmente las esencias de la vida hogareña en perjuicio de toda la sociedad.
Bueno y justo es aclarar, desde luego, que todavía existe una inmensa y mayoritaria cantidad de familias bien formadas en las cuales los padres y las madres cumplen a cabalidad con sus obligaciones tanto en el orden espiritual como en lo relativo al soporte físico de la existencia de sus hogares. Y, naturalmente, los principales beneficiados son los hijos, además de los mismos padres que disfrutan de un mínimo razonable –por decir lo menos—de felicidad que emana de un hogar donde reinan el amor y la paz, independientemente de los factores económicos.
La familia es la base de la sociedad. No puede haber una sociedad normal y buena, una nación normal y buena, si las familias que la integran no lo son. Esto no significa que se pueda lograr la perfección absoluta, ni cosa por el estilo, aunque sea deseable. La perfección absoluta corresponde sólo a Dios.
Hay que frenar la corriente disfrazada de múltiples pretextos que tiene por objeto socavar los cimientos de las familias. Inclusive, cada vez hay más esfuerzos por violentar el concepto moral, histórico y jurídico de lo que es la institución matrimonial. Y cuando no se trata de ese caso, existen los otros aspectos que agreden la normalidad de las familias cuando los padres no se ven con los hijos o se ven muy poco y no hay coordinación básica entre el hogar y la escuela. En la formación de un niño de edad escolar intervienen el hogar y la escuela. Sin embargo, hay quienes dicen que en la escuela no es obligación enseñar a los alumnos a ser personas decentes, porque eso se debe enseñar en el hogar. Y aun cuando en el hogar los padres sepan cómo formar a sus hijos, no necesariamente quiere decir esto que dispongan del tiempo indispensable para influir en su educación –que es formación— cooperando con lo que en la escuela también se debe enseñar además de las materias académicas. Tema aparte corresponde a los hogares que tienen deficiencias de conducta moral o de solidaridad espiritual que, en realidad, no son hogares.
|