Publicado el 08-03-2012
Como terminó
el Festival de Teatro
Por Angel Cuadra
Tras una intensa actividad teatral, de presentaciones de obras traídas por compañías de teatro de varios países, además de conferencias, lecturas dramatizadas, encuentros con directores y autores, el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, que comenzó el 12 de julio, finalizó su 47 edición el 29 de julio, con dos obras: una venida desde Ecuador, “La Flor de la Chukirawa”, por la compañía Contraelviento; y “El No”, del autor cubano Virgilio Piñera, escenificada por Teatro Avante, de Miami, institución que organiza el Festival. Esta puesta en escena, dirigida por Mario Ernesto Sánchez, es una de las actividades que se efectuaron en homenaje a Virgilio Piñera, en el centenario de su nacimiento.
Una de las obras más dramáticas y significativas de Piñera es “El No”. Pues en ella se plantea la lucha desesperada, y obstinada, de una pareja de novios que ha decidido no casarse, y decirle NO a cualquiera forma de presión o acoso que, primero los padres de la novia, y luego, los vecinos, los otros –que irrumpen invasores en la intimidad del hogar- quieren imponerle a Emilia y Vicente, por transgresores del orden establecido; imposición que ahoga la libertad personal de los novios.
En la obra original de Piñera los novios deciden suicidarse, último recurso para no someterse. Pero esta puesta en escena es una síntesis de “El NO” original, hecha por Gilda Santana, en la que los novios rebeldes no acuden al suicidio, porque concluyen en que hay otras opciones para negarse.
El alcance simbólico de esta obra es que el NO puede esgrimirse contra muchas cosas, hasta contra el poder del Estado.
El elenco de esta representación lo integran: Isabel Moreno en el papel de Laura, la madre; Gerardo Riverón como Pedro, el padre; Maribel Barrios, como Emilia, la novia, y Julio Rodríguez, como Vicente, el novio. Todos alcanzan un buen nivel de actuación en conjunto, aunque es de resaltar a Isabel Moreno, es especial en el momento del delirio enajenante en que cae la madre, sintiéndose una novia camino del altar para un matrimonio que, en su hogar, con su hija, no lo pudo lograr.
La otra obra, que ocupó los días 27 y 28, ya a fines de este Festival, fue “La Flor de la Chukirawa”, venida de Ecuador, presentada por la compañía Contraviento, del autor ecuatoriano Patricio Vallejo Aristizábal, a su vez director de la puesta en escena.
Sobre una entrevista que hubo de hacer una periodista a una madre ecuatoriana campesina, a cuyo hijo, que había emigrado a Estados Unidos, lo mataron como soldado del ejército norteamericano, se montó la trama de esta obra.
La madre, hondamente dolida, ironiza –y esta es una forma de rechazo- ante el supuesto orgullo que, según la otra voz, debía sentir por el héroe que fue su hijo, como le comenta la otra voz. La madre rememora cuando aconsejaba a su hijo que no abandonara su tierra.
Dos ángeles se sitúan al fondo y ambos lados del escenario: el Angel Mensajero (en el cual se aúnan voces de muchas otras madres, más todo el contenido espiritual de un dolor colectivo, y un significado trascendente de la existencia más allá de sus límites. El otro Angel es el del hijo, acogido en algunos momentos por la piedad dolorosa de la madre.
Una obra hermosa, cargada de símbolos en la tradición indígena; amenizada a veces con tonadas vernáculas o del folklore ecuatoriano; de desnudo contenido poético, como que en el agua que desciende por la ladera, baja simbólica y refulgente la “La Flor de la Chuquirawa”, como un recado de belleza y tradición regional: flor mítica que no se puede tocar porque es dura y tiene espinas.
En su actuación los tres personajes hacen varios paréntesis de plástica, movimientos rituales o danzas, en las que, según el citado director, se mezclan lo indígena y ciertas danzas orientales. Y abren algunos paréntesis de silencio que quedan como en suspenso, como para completarse por la imaginación del espectador.
Verónica Falcón, hace el papel protagónico de la madre, con una dureza tierna y dolida dado el drama por que atraviesa, y está muy atinada en la intensidad de sus gestos y sus evocaciones.
Andrea Díaz se encarga del Angel Mensajero, y proyecta bien su personaje entre místico y humano.
Fernando Guayasamán se ocupa del Angel del hijo.
Con estas dos obras terminó el XXVII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami.
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