Publicado el 08-08-2012
Conectados, pero
no para aprender
Por Esther Cepeda
CHICAGO – Mientras Estados Unidos actúa para cerrar la brecha digital ayudando a equipar con computadoras, laptops, tabletas y iPods hasta a las escuelas más pobres, consideremos el inicio de una nueva división que no se basa en la tecnología, sino en la falta de capacidad para utilizarla de manera significativa.
Pensé en eso cuando mi hijo de 13 años me pidió permiso para instalar una “mod” —es decir, una “modificación”— en la computadora de la familia, a fin de optimizar un juego de video de la Web.
Mientras me explicaba lo simple que sería para él abrir el registro de la computadora, realizar una serie de instalaciones arrastrando y colocando, modificar archivos ejecutables, etc., etc., se me ocurrió pensar que éste era el mismo muchacho al que hubo que ayudar paso a paso para formatear una tarea asignada en el procesador de textos y que no comprende por qué necesita guardar sus archivos.
Como muchos otros estudiantes de las escuelas públicas de todo el país, mi hijo es un perito en instalar juegos de video en computadoras y aplicaciones en teléfonos inteligentes, aprender los mejores códigos de “trampas” para sus juegos favoritos de Xbox y descargar música y videos en su computadora portátil.
Pero operaciones importantes para realizar una búsqueda en Internet a fin de aprender y verificar datos, para utilizar un programa del procesador de textos y corregir trabajos de investigación, para organizar y filtrar datos en una hoja de cálculos, para crear un sistema de archivos para documentos o para adjuntar archivos a un mensaje electrónico, le son totalmente desconocidas.
Seguro, es un niño inteligente, pero ésas son habilidades que muy pocas veces se enseñan directamente en la escuela —generalmente no en la escuela media, aunque la mayoría de los profesores de escuela media que yo conozco aceptan deberes escritos a máquina y requieren monografías a máquina. Los cursos para utilizar procesadores de texto y hojas de cálculo, dependiendo de cada escuela secundaria en particular, son optativos o no existen.
Así pues, lo que tenemos es una superabundancia de funcionarios escolares y especialistas educativos que piensan que la tecnología salvará la educación, y acosan a los estudiantes con aparatos y software educativos diseñados para lograr que aprendan mientras se entretienen. Pero el sistema educativo está haciendo demasiado poco para inculcar a los estudiantes el tipo de habilidades básicas de computación y conceptos electrónicos de trabajo, que son los que más les ayudarán en la universidad o en empleos semi-especializados.
Podría parecer que los muchachos actuales son expertos en tecnología, pero las conversaciones con mis amigos maestros y familiares pintan un cuadro de estudiantes que no pueden diferenciar entre un blog de opinión y una fuente fidedigna de noticias, estudiantes que no saben escribir adecuadamente en teclados normales y que pierden su trabajo constantemente porque no saben como guardar los archivos correctamente en su red escolar o porque no tienen el hábito de hacerlo.
Según una encuesta de noviembre de 2011, realizada por el Higher Education Research Institute, de 240.000 estudiantes de tiempo completo, que ingresaban a la universidad, sólo el 38 por ciento se autocalificó por encima del promedio en cuanto a destrezas de computación comparándose con el usuario promedio de la misma edad, pero en 2005 cuando se formuló la pregunta por primera vez, el 50 por ciento se calificó por encima del promedio. Mientras tanto, el número de estudiantes que reportó pasar más de tres horas por semana en sitios de redes sociales como alumnos del 12° grado de la escuela secundaria aumentó de un 42 por ciento en 2007, cuando se formuló esa pregunta por vez primera, al 53 por ciento en 2011.
Lamentablemente, la gente en general equipara la participación en línea o las actividades posibilitadas por la tecnología con conocimientos o destrezas técnicas reales, aún cuando la mayoría de las redes de medios sociales, tecnología para el consumidor e interfaces para consumidores están creadas para que su uso sea lo más simple posible. Este hecho es la causa de que personas con buenas intenciones crean erróneamente que el aprendizaje y los materiales sobre la base de juegos prepararán a los estudiantes para satisfacer las necesidades de nuestra pujante economía tecnológica.
La realidad es mucho más aburrida —y a juzgar por el nivel de rencor que han generado los estándares Common Core para Inglés y Matemáticas, probablemente políticamente incorregibles: necesitamos una serie de estándares nacionales para guiar a las escuelas, a fin de que puedan ofrecer aún a los estudiantes más jóvenes instrucción directa sobre los fundamentos de las búsquedas en Internet y del correo electrónico, procesador de textos, hojas de cálculos y presentaciones, que se han convertido en la norma del trabajo no-manual.
No es tan emocionante como los juegos de video para practicar diversas destrezas de matemáticas, pero es mucho más importante para asegurar que nuestros estudiantes se den cuenta del pleno potencial de toda la tecnología que aparece en sus aulas.
La dirección electrónica de Esther Cepeda es estherjcepeda@washpost.com
©2012, The Washington Post Writers Group.
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