Publicado el 08-13-2012
Harry Reid y los
impuestos de Romney
Por Cal Thomas
Llamar al líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, un “mad dog” (un perro loco) como lo hiciera el columnista del Washington Post Dana Milbank, es una afrenta a la comunidad canina y hacia aquellos que sufren de una verdadera enfermedad mental. Reid estaba completamente lúcido cuando echó a andar una información dada por un inversionista anónimo de Bain Capital que según él le dijo que Mitt Romney no pagó impuestos por diez años.
¿No se ajusta Reid, que es Mormón como Romney, a la prohibición del Noveno Mandamiento: “No darás falsos testimonios”? El parece no pagar un precio político porque es Demócrata y a diferencia de Joe McCarthy, al cual algunos lo comparan, ningún prominente colega Demócrata o figura importante de los medios le ha hecho a Reid la pregunta que le hizo a McCarthy, el perseguidor de comunistas, el abogado Joseph Welch en 1953: “¿No tiene usted sentido de la decencia, señor”?
Reid es un espectáculo de circo, un payaso en un circo político que trata de desviar la atención del público lejos del expediente del Presidente Obama. Las declaraciones de impuestos de Romney no van a crear un solo empleo ni a revivir la economía. Romney debe cambiar el tema pasando la atención a donde debe estar: en el Presidente Obama, sus fallidas promesas y su desastroso manejo de la economía.
Si quiere ampliar el punto, Romney puede retar a Obama a que dé a la publicidad sus expedientes universitarios y otras informaciones mencionadas en su libro: Sueños de mi Padre”. Romney puede ofrecer mostrar más años de sus impuestos a cambio de la transparencia que Obama prometió.
O Romney puede reiterar que él ha cumplido plenamente con la ley, incluyendo el pago de todos los impuestos que debía. ¿Preferirían sus críticos que pagase más de lo que es su obligación legal? Además, Romney ciertamente ha hecho importantes contribuciones de caridad, mientras que Biden y su esposa, según el periódico USA Today, tuvieron un promedio de sólo $369 anuales en contribuciones de caridad a lo largo de diez años.
Y ¿qué tal el presidente? He aquí lo que Glenn Kessler, confirmador de hechos del Washington Post, escribiera: “Cuando el entonces candidato presidencial Obama dio a conocer sus declaraciones de impuestos durante la campaña del 2008, se reveló que él comenzó a hacer significativas donaciones de caridad luego que empezó a ganar buen dinero de sus libros – y después que decidió postularse a la presidencia.
He aquí las cifras: 2005 $77,315 a obras de caridad de ingresos de $1.66 millones (4.6 a obras de caridad); 2004 $2,500 de ingresos de $207,647 (1.2 por ciento); 2003: $3,400 de $238,327 (1.4 por ciento); 2002: $1,050 de $259,394 (0.4 por ciento)”. En el 2010 la cifra subió a un 13.6 por ciento.
Pudiéramos estar dando y recibiendo (tit for tat) sobre contribuciones o impuestos indefinidamente. El tema de las declaraciones de impuestos es una cortina de humo para ocultar los fallos de la administración de Obama. La campaña de Romney ahora parecer estar haciendo lo que debe para reclamar y reenfocar los hechos. Romney puede triunfar si el tema es los gastos del gobierno.
La gente sabe que el desperdicio es un fallo moral. Romney pudiera ocuparse de los desperdicios del Pentágono. El columnista del Washington Post, Walter Pincus, escribió recientemente: “¿Cómo puede el Pentágono quedarse con $2.5 mil millones sobrantes de un programa cancelado moviéndolo para ‘reinversiones del Ejército’ cuando el Congreso y la Casa Blanca están preocupados por los recortes de presupuesto en el Pentágono y la seguridad nacional”?
Romney ha empezado a presionar al presidente sobre su “reforma” a la reforma del programa de bienestar social (welfare). El Departamento de Salud y Servicios Humanos anunció el mes pasado que considerará exenciones a los requisitos de trabajo para el programa de Ayuda Temporal a Familias necesitadas (Temporary Assistance for Needy Families). El exigir que los que reciben ayuda del welfare trabajen fue un requisito de la ley de reforma del bienestar social aprobada por un Congreso Republicano y firmada por Bill Clinton en 1996. Y funcionó. Los que reciben beneficios de bienestar social, en vez de depender de la ayuda del gobierno, tienen que irse encaminando hacia oportunidades de trabajo o educacionales como una forma de hacerse de una mejor vida para ellos y sus familias.
El Senador Reid es como una bomba de peste en una elegante fiesta de jardín. Dejemos que “Dirty Harry” (Harry, el sucio) como muchos le han apodado, siga demostrando las fallas de su carácter. Romney no debe ponerse a su mismo bajo nivel. Romney debe ignorar a Reid y enfocarse en lo que más le importa a los estadounidenses: la reconstrucción de nuestra destrozada economía. ©2012 Tribune Media Services.
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