Vista parcial de York
y búsqueda de espíritus
en una mesa.
Fotos Jesús Hdez.
Publicado el 08-18-2012
Del Medioevo inglés
Por Jesús Hernández JHernandez@DiarioLasAmericas.com
En Inglaterra abunda la neblina y la historia arraigada al pasado cruel del Medioevo. Dos ingredientes que crean las condiciones propicias para ver fantasmas prácticamente por doquier. Lugares muy específicos como Chester, Durham y York que tienen a estos animados personajes por residentes perennes. Un atractivo turístico mayor que resulta ser un negocio redondo.
Chester
La ciudad fue fundada por los romanos hace casi 2,000 años y hoy perdura en medio de unas tierras muy discutidas por vikingos, galeses e ingleses. Amurallada y muy bien cuidada, la mediana urbe provinciana vive en torno a su casco histórico medieval. Una auténtica reliquia arquitectónica que da vida a las historias de soldados romanos que muchos afirman ver deambulando entre los restos del antiguo anfiteatro. Un sin fin de anécdotas que cuenta con excursiones guiadas y guías que hablan con los muertos.
Por ejemplo, en la calle Lower Bridge abundan las historias de espíritus y asustados. En un antiquísimo bar tipo pub llamado Falcon Inn, construido hace más 400 años, hay quien afirma haber visto volar una jarra del preciado líquido y estrellarse contra la pared. Acto que atribuyen al espíritu de una camarera que fue expulsada hace un par de siglos. La joven, desamparada y desesperada, murió abandonada y su espectro atormentado mora en el inmueble buscando a los viejos dueños.
En el número 48 de la misma calle hay otro acogedor pub con restaurante y hostal, cuyo nombre Ye Olde Kings Head anuncia cuán viejo es. Muchos aseguran que son tres los fantasmas que habitan el lugar. Michele es camarero y dice que no ha visto ni uno pero se mantiene atento para bien.
Sin embargo, es el hombre sin cabeza de Tudor House, una tienda de confituras en el número 29, el personaje más temido. Nadie sabe quién es pero lo han visto caminar después de la medianoche.
Durham
Corría el año 995 y la tierra aún olía a romanos. Inglaterra apenas comenzaba a escribir su historia y unos monjes medio nómadas daban sepultura a quien más tarde sería santificado bajo el nombre San Cuthbert. Tenebrosa, como sacada de una película de misterio, fue la fundación de esta comarca.
Desde entonces, esta ciudad fue marcada por leyendas que parecen estar incrustadas en las calles empedradas. Historias como la que surge de la antigua cárcel, situada entonces debajo del puente Elvet, que hoy alberga un popular bar.
Cuentan que un tal Jimmy Allan, flautista, mujeriego y ladrón de caballos, fue condenado a cadena perpetua en 1803. El presidiario, viejo, abandonado y hambriento, se alimentaba de los trozos de pan que la gente tiraba al pasar. Hoy muchos aseguran escucharlo tocar su flauta desde las entrañas del puente.
Frente a la alcaldía municipal, donde reluce una esbelta fachada estilo neogótico, una plaza marca el lugar donde existió un mercado popular que fue cerrado por insalubridad, enfermedades y muchas muertes. Sitio donde muchos aseguran escuchar las voces de los enfermos que sufrían de cólera y peste bubónica.
York
Esta es otra ciudad inglesa que debe su fundación a los romanos. El lugar con mayor número de fantasmas en el mundo, según los expertos. Una asombrosa cifra que asciende a 504 “confirmados” que dan forma a relatos de mujeres y hombres decapitados, ahorcados
e incluso aplastados lentamente por un cruel mecanismo de piedras que muestran en los muy dedicados museos Micklegate y York Dungeon que apuestan por reproducir el pasado feroz de la Edad Media.
Sin embargo, el relato más sonado viene de la época romana. Era el año 1953 y un joven plomero llamado Harry Martindale hacía su faena en el sótano de la casa del antiguo tesorero real, cuando miraba aterrorizado una legión de soldados romanos emanar de una pared de ladrillos.
“Aquellos cuerpos lucían cortos, sin piernas, como si caminaran apoyados en las rodillas”, me contaba el señor Martindale, ahora jubilado. Entonces nadie le creyó y lo tomaron por loco durante muchos años.
Más tarde, unos arqueólogos descubrieron que un viejo camino romano corría a unas 15 pulgadas de profundidad por aquel lugar. Aparentemente, Harry no estaba loco. Aquellos espectros andaban sobre la antigua vía romana ahora enterrada y por eso parecían caminar apoyados de las rodillas.
Al caer la noche, cuando la penumbra se apodera de la ciudad para dar paso a la niebla, la gente se agolpa en las esquinas para escuchar las mil y una historias de terror y fantasmas. Un ejército de guías, muy bien documentados, lleva a los curiosos por las viejas calles de York.
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