Publicado el 08-20-2012
La Inmoralidad que
Amenaza a la
Institución Familiar
Si no se frena a tiempo la marcha galopante de la inmoralidad casi institucionalizada --por decirlo así-- en cuestión de algunos años, mucho antes de que termine este Siglo Veintiuno, la humanidad va a sufrir terribles consecuencias de lo que se está gestando y desarrollando ahora en materia de inmoralidades que son incompatibles con la misión normal de la vida humana. Por una parte está lo que conspira contra las esencias de la vida que son fundamento del derecho natural que emana de la voluntad de Dios y de todas sus leyes. En otro sentido está lo que se relaciona con la conducta ordinaria de las personas, de las familias, de los grupos y de la sociedad en general que, aunque forma parte de lo otro, tiene manifestaciones destructoras de la convivencia humana en el campo de las relaciones sociales.
La institución de la familia, en torno a la cual gira o debe girar la humanidad, está en crisis en muchos aspectos porque se les da preferencia a los beneficios materiales con respecto a los valores morales. Como consecuencia de esa crisis, los hijos no reciben todo el amor, la vigilancia y el cuidado que son necesarios para que puedan crecer y formarse no solamente con buena salud física sino también con características inherentes, desde un punto de vista espiritual, a lo que corresponde a un hogar. Y hay que aclarar que el hogar no es solamente una casa con techo, paredes, puertas, ventanas e instalaciones que se usan para la comodidad física. El hogar es muchísimo más que eso. Tiene que ser el ambiente que, bajo el techo y las comodidades razonables de una casa, estimula el sentimiento y la idea de lo que debe ser una familia como vínculo vigoroso que une a padres con hijos, a hermanos con hermanos, así como a todos los que, ascendientes o descendientes, forman en mayor grado una familia. Desde luego, lo que se dice sobre la crisis no significa que no haya muchas y hermosas excepciones.
Dentro de esos valores morales del hogar están los relacionados con normas religiosas, con urbanidad o cortesía, así como civismo y sentido de solidaridad humana para los fines de la convivencia social. Para que todo esto florezca es preciso que haya una coordinación de todos los sectores que integran el organismo social.
Hay mucha inmoralidad que prolifera a través de los órganos de información pública amparados por anuncios comerciales de alta significación económica y en el campo de los espectáculos. Esos anuncios son sumamente productivos para las empresas que se nutren de ellos y que provienen de quienes sólo les interesa vender sus productos a todo trance sin destinar, muchas veces, un sólo centavo para la divulgación de lo bueno, de lo constructivo y de lo noble.
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