Publicado el 08-31-2012
Bohemia y máscara
de la Bodeguita del Medio
Por Angel Cuadra
La Habana en los años anteriores a la dictadura castrocomunista, era lo que suele llamarse una ciudad alegre, con una gran actividad comercial, con tiendas, lujosas y modestas, cafeterías, restaurantes, cabarets, cines, teatros; de buen atractivo para turístas de todas partes del mundo, y una vida nocturna segura y acogedora para los que gustaban de la bohemia, en aquella ciudad que no dormía, como muchos la señalaban. Uno de esos rincones bohemios y típicos, bien frecuentados por cubanos y extranjeros, era la Bodeguita del Medio.
Los que frecuentábamos entonces advertíamos en aquel rincón acogedor y sencillo, la menuda magia donde la casualidad teje los hilos de una fama espontánea, no buscada, fruto de la libertad de empresa, sin la gestión oficial; un negocio pequeño que se bastaba a sí mismo y que, sin lujo, creció con embullo popular.
La historia que nos contaban de cómo surgió, era más o menos ésta: su dueño, Angel Martínez, oriundo de un pueblo de Las Villas, se radicó en una casa de La Habana Vieja, en la calle Empedrado entre San Ignacio y Cuba, a pocos metros de la Plaza de la Catedral. Lugar céntrico, donde estaba la mayor parte de las oficinas, el Ayuntamiento, la Audiencia, el Tribunal Supremo, las notarías y negocios varios.
Allí Martínez, en la parte de su casa que daba a la acera, abrió una pequeña bodega de víveres, café y bebidas, que empezaron a frecuentar en sus recesos en las oficinas, empleados y varios periodistas. Y con el café y la cerveza gustaron del especial “saladito” acompañante: masitas de puerco, que la esposa de Martínez cocinaba en el salón contiguo al negocio.
Varios periodistas comentaban en sus columnas lo grato de aquel modesto rincón y, ya amigos de Martínez, invitaban a sus lectores a pasar por la bodega, con la especificación de que se trataba no de la bodega de la esquina, sino la que estaba a mediados de la cuadra, o sea en el medio. Siempre oí decir que un periodista, creo recordar que se conocía como Dieguito Tendedera, fue el que más comentó de aquella pequeña bodega “la del medio”, que de ahí tomó su nombre, y dio la idea de ampliar el negocio. Toda la planta baja de la casa de Martínez se hizo restaurante, con su “menú típico”; moros, masas de puerco y yuca, y el mojito como bebida criolla. Pero, además, toda clase de bebidas, servidas en mesas y sillas de madera rústica conocidas como “taburetes”.
Las paredes los visitantes las llenaban con sus firmas, estrofas, chistes y comentarios, al arbitrio de cada cual. Y ya se hizo famosa La Bodeguita, con sus asistentes artistas, periodistas, figuras políticas, poetas, etc. (Guardo de entonces una foto donde un grupo de artistas rodeábamos a la joven Celia Cruz, que protagonizaba una novela radial llamada Babiney, que escribía Rosa América Coalla).
Cuando llegó al poder la revolución castrocomunista cambió esa historia, como todo en el país. La Bodeguita fue intervenida, o sea, oficializada, y para ironía –y frustración irremediable- a Martínez, el dueño y creador del negocio, lo convirtieron en una especie de administrador o empleado en su propio negocio, designado como tal por el gobierno. Daba lástima acudir a la Bodeguita y ver a Martínez, no sé si como parte del afiche turístico, máscara para los visitantes extranjeros. En las paredes se borraron muchas de las firmas, estrofas y chistes originales; y empezaron a aparecer consignas revolucionarias. La antigua magia se fue borrando también, tras la nueva máscara de la nueva y ficticia bohemia oficial de exportación.
En estos días recientes la Agencia France Press, en uno de los medios de información local, publicó la noticia de que un actor mexicano pronto va a abrir una sucursal de la Bodeguita en Costa Rica. ¿Sucursal de qué? Pues del negocio central que está en manos del gobierno castrocomunista. Pero eso no es nuevo. En muchos otros países, ya como concesionario, sucursal, dependencia u otro vínculo, se han abierto locales de la Bodeguita del Medio. Hace pocos años una delegación del Consejo del Presidio Político Cubano visitó la República Checa, invitada por el gobierno de ese país. Allí nos enteramos que había una Bodeguita del Medio, a la que acudimos, y vimos allí fotos de dirigentes cubanos, entre ellos una del Ché. La empleada que nos sirvió, contó que ella fue contratada desde Cuba, por el gobierno, a donde iba en sus vacaciones.
Es así, en éste y en tantos otros casos, cómo el gobierno castrocomunista ha convertido, con la máscara de una falsa bohemía económico-política internacional, el sueño de modesto empresario, del provinciano y criollo Angel Martínez, que en la sala de su casa abrió un día una bodeguita, en el medio de la cuadra de la calle Empedrado, en La Habana Vieja.
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