Publicado el 08-31-2012
El Cierre de la Convención
Nacional Republicana
Acaba de concluir solemnemente en Tampa, en la noche del jueves 30 de agosto del 2012, la Convención Nacional del Partido Republicano. DIARIO LAS AMERICAS reitera lo expresado anteriormente en el sentido de que una convención de esta naturaleza reviste las características de una hermosa fiesta de la democracia. No solamente hubo orden público perfecto, hablando en términos generales, sino que también en todos sus detalles los participantes, que fueron muchos miles de personas, dejaron constancia de su gran respeto por la vida cívica y política de la nación.
Se dice que la Convención concluyó solemnemente porque después que los candidatos y sus familias se retiraron del escenario entró el Presidente de la Cámara de Representantes John Boehmer para anunciar que la invocación final sería dada por el Cardenal Timothy Dalton, Arzobispo de New York, y pidió silencio. El Cardenal ofreció una oración por los Estados Unidos, por los gobernantes y por el pueblo mientras que todo el público se mantuvo en impresionante silencio con sus cabezas inclinadas en oración. Una vez terminada ésta, Boehmer declaró oficialmente clausurada la Convención con un toque de su martillo en el podio. Inmediatamente, el público empezó de nuevo a vitorear, cantar y bailar.
Dentro de las mencionadas características cívicas y políticas de los Estados Unidos de América, es de esperarse que la inmediatamente próxima Convención del Partido Demócrata que será celebrada en Charlotte, Carolina del Norte del 4 al 6 de septiembre, constituya un testimonio más de lo que representa una tradición de la vida institucional de los Estados Unidos de América.
Con distintos planteamientos de acuerdo con su ideología, los Demócratas dejarán constancia también de que en los Estados Unidos de América hay una disciplina cívica y política que engrandece la vida nacional llevándola a la categoría prestigiosa de una gran república.
La alta dirigencia del Partido Demócrata, sin duda alguna, se empeñará en que esta Convención que viene la próxima semana constituya, una vez más, testimonio de alto nivel de civilización política de este noble pueblo estadounidense. Quiera Dios que todo resulte en la forma prestigiosa que caracteriza, casi siempre, la vida política nacional.
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