Publicado el 09-06-2012
Paz, impunidad, terrorismo, narcoguerrilla
Por Eucario Bermúdez
Ningún Presidente ha eludido la búsqueda de la paz en Colombia. Cada uno, a su manera y talante ha tratado de buscarla, pero sin salirse de los carriles de la Constitución. Ha habido despejes oprobiosos y fracasados intentos de diálogo, encuentros entre misiones gubernamentales y la guerrilla. Ha habido muchas promesas de parte y parte, pero todas han sido un fracaso y el resultado acumular años y años de violencia, crímenes monstruosos, destrucción de riqueza nacional, secuestro, y finalmente narcotráfico, que es lo que ha convertido a las FARC en una guerrilla narcoterrorista.
Por ello esta vez, uno de los cuestionamientos más preocupantes es con quién se va a negociar: con los narcotraficantes, con los terroristas o con la guerrilla. Allí hay una suma de delitos de grueso calibre que no parecen caber en la misma balanza.
Delitos de lesa humanidad, magnicidios, violación de los derechos humanos, atentados contra presidentes, pueblos indefensos, masacres con grandes pérdidas de vida, en fin de cuentas, las FARC han envilecido la patria y han convertido en enemigos a sus compatriotas.
El libreto de los diálogos elaborado por el Presidente Santos y manejado sigilosamente por las partes ha venido avanzando con un renovado impulso de la guerrilla que tras el arrinconamiento de los cuatro años anteriores resurgió con fortaleza apabullante, logrando abrirse paso a las negociaciones incubadas en la tierra de sus primeros impulsos, la de Fidel y Raúl Castro y con el respaldo del padrino petrolero de Venezuela Hugo Chávez. Noruega se ha unido ofreciendo un marco bueno y seguro para crear confianza y Chile es el puntal democrático al sur del Continente.
Lo que hemos visto hasta ahora, ha causado sobresalto mayúsculo. Magna alocución del Presidente Juan Manuel Santos desde el Palacio de Nariño y “alocución” del Comandante Timochenko originada desde Cuba, cargada de cinismo y politiquería barata, culpando a los gobiernos de la guerra y proclamándose ellos, las FARC, los campeones de la paz. Proponiendo una plataforma de gobierno que permite avizorar sus pretensiones futuras. ¡Que horror!
Causa estupor imaginar que al final del conflicto, con la anhelada paz reinando en el país y el Presidente esperando el Premio Nobel de la misma, vayamos a ver a los Timochenkos y sus cuadrillas paseándose por las calles de las ciudades colombianas como los grandes precursores de la patria, esperando ser ungidos por el voto popular para llegar a las altas posiciones del gobierno y las instituciones que ellos han tratado por cincuenta años destruir.
¿Y las condenas judiciales, y las órdenes de captura, y los pedidos de extradición de esos delincuentes, qué? Otra pregunta que estruja el corazón patriótico. Todos queremos la paz, todos podemos tener capacidad de perdón mas no de olvido. Son muchos los miles de hogares colombianos que han sido destruidos, centenares las familias que han perdido a sus padres, hijos, hermanos, esposos que han sido asesinados o secuestrados o mutilados por las minas anti personal. La riqueza nacional ha padecido golpes matreros con inmensas pérdidas materiales.
Y no hay que olvidar que por el negocio del narcotráfico, que reemplazó las banderas iniciales que las FARC proclamaron como luchadores por el pueblo, la juventud del mundo ha sido envenenada, no siendo excepción la colombiana. Y muchos países han tenido que enfrentar este flagelo de cuya producción y transporte ellos han sido responsables. Ello, así como la impunidad, no puede ir de la mano de un proceso de paz.
|