La familia Hooker, Jessica y su marido Ryan con sus hijos; Ellyson y Daniel (AP Photo / Moises Castillo)
Publicado el 09-15-2012
Odisea para lograr adopción en Guatemala
II Y ULTIMA PARTE
Por ROMINA RUIZ-GOIRIENA y TRAVIS LOLLER GUATEMALA (AP)
Todo el proceso debía realizarse nuevamente, desde el comienzo. Había que hallar a la madre natural de Daniel, someterle a una prueba de ADN y pedirle que firmara la aprobación de la adopción. El caso debía ser trasladado al distrito donde nació Daniel.
Los Hooker llenaron y entregaron las mismas planillas, una y otra vez. Tuvieron que aceptar un estudio de su vivienda y traducirlo al español. Pero nada cambió.
En mayo del 2010, un viaje de una semana se convirtió en una estadía de tres semanas cuando el volcán Pacaya, a unos 40 kilómetros al sur de la Ciudad de Guatemala, comenzó a emitir lava y piedras, cubriendo a la ciudad de cenizas y obligando a cerrar al aeropuerto internacional.
Los Hooker aprovecharon ese tiempo extra con Daniel para llevarlo a un médico especialista. Cuando el médico entró al consultorio para darle los resultados, ellos ya lo sabían: el niño era casi completamente sordo.
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Los Hooker hicieron una rutina de sus frecuentes viajes al Radisson en Guatemala y su vida en Maryville, Tenesí. Jess aprovechaba cada feriado de la escuela donde trabajaba mientras Bubba, quien trabajaba en bienes raíces, se hizo un calendario para poder visitar a Daniel cada dos o tres meses. Una vida así no es fácil.
Rechazaron una oferta de trabajo en el exterior que podría haberles complicado aun más el proceso de adopción. Cuando Daniel tenía ya 4 años y no se veía todavía una salida, Jess dio a luz a una niña, Ellyson.
Cuando la pareja visitaba al Radisson y Jess estaba embarazada, Daniel le tocaba el vientre y decía “Hermanita”.
La pareja colocó retratos de Daniel y Ellyson en la casa que tenía en Maryville. Colocaron un juego de columpios en el jardín y lo cercaron. En la habitación para Daniel, colocaron un enorme avión de juguete rojo.
Jess sentía como que se perdía la infancia de Daniel, sus primeros pasos, sus primeras palabras.
Pero entonces vino un golpe de suerte.
A comienzos del 2011, el caso de las adopciones en Guatemala llegó a la atención de la senadora estadounidense
Mary Landrieu, quien ocupaba un escaño una comisión senatorial que revisaba esos programas. Ella también integraba la Comisión de Apropiaciones de la cámara alta para seguridad nacional que aprobaba el presupuesto del Servicio de Inmigración y Aduanas.
Ella era además madre dos niños adoptados. Landrieu descubrió que no había ninguna lista de gente cuyos casos habían quedado suspendidos por la prohibición guatemalteca. Estados Unidos había prohibido las adopciones nuevas, pero las que quedaron pendientes podrían tener otra normativa.
La congresista reunió un equipo de asistentes y expertos para ayudar a los guatemaltecos a revisar los archivos y determinares cuáles de ellos contaban con los documentos apropiados. Ella viajó cinco veces al país centroamericano.
De los 3.032 casos que habían quedado interrumpidos a fines del 2007, había 180 casos de niños esperando a ser adoptados. El primero de ellos era el de Daniel.
El equipo de Landrieu trabajó con la embajada estadounidense en Guatemala y con el gobierno local para lograr un acuerdo según el cual algunos casos se aprobarían si cumplían los requisitos de ambos gobiernos.
La congresista contactó a varias familias norteamericanas para determinar si aún estaban interesadas en adoptar, y descubrió que algunas parejas habían gastado decenas de miles de dólares y habían viajado hasta 20 veces a Guatemala para mantener el contacto con los chicos.
En diciembre pasado, los Hooker recibieron una llamada notificándoles que su caso era uno de 44 que podían avanzar.
Pasaron ocho meses más hasta el 21 de agosto, cuando se montaron en un avión con la esperanza de ser una de esas familias que podrían adoptar gracias al nuevo acuerdo. La situación lucía prometedora.
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Entonces, el lunes pasado, Jess, quien había viajado con Ellyson y su madre a la Ciudad de Guatemala, estaba en su habitación en el Radisson leyendo el documento más reciente, incrédula.
Su computadora sonó, y con los ojos llorosos, ella caminó hacia la máquina, por la cual alguien en Tenesí la llamaba por Skype. Cuando vio que era su hermano, prendió la cámara. Antes de que José pudiera decir hola o ver cómo ella lloraba, ella cubrió la computadora con una sábana.
El documento decía: “Daniel Ryan Hooker nacido en Quiche, Guatemala en diciembre del 2006 es hijo de Jessica Russell Hooker y Ryan Hooker”.
José comenzó a llorar. El había sido adoptado 22 años antes, cuando tenía apenas casi 6 años, en el mismo orfanato. Esa adopción tardó tres años. El también había nacido en Quiche.
En cierto momento, cuando las cosas no lucían bien, José había dicho que él iría a Guatemala y adoptaría él mismo a Daniel, ya que él era guatemalteco. Y ahora, ahí estaban. Lo único que faltaba era el pasaporte guatemalteco de Daniel, y su visa de adoptado.
Esta vez Jess lo sabía, todo saldría bien. El documento lo garantizaba. Ella era ahora la madre de Daniel.
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Mientras la familia caminaba por el aeropuerto de Louisville, sus amigos los recibieron a gritos, y luego se reunieron todos para rezar.
“¡Estamos en casa! ¡Lo logramos, y no lo podemos creer!” expresó la familia en un correo electrónico a sus allegados el domingo.
“Ojalá pudiesen todos ver la cara de Daniel cuando correteaba por la casa explorándola. No podía creer que tendría su propio cuarto. No podía creer el tamaño de la bañera, ¡fue fantástico!”
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Romina Ruiz-Goiriena reportó desde Guatemala y Travis Loller desde Tenesí.
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Romina Ruiz-Goiriena en Twitter: http://twitter.com/romireportsAP
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