Publicado el 09-15-2012
A contra viento
Por Armando Álvarez Bravo
Palabras leídas en la presentación del libro “A contra viento”, de Ernesto Díaz-Rodríguez, en el acto celebrado por el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, en West Dade Regional Library, el 8 de septiembre del 2012.
No es esta la primera vez que me ocupo de la poesía de Ernesto Díaz-Rodríguez. Pero hacerlo hoy me regala una nueva satisfacción. Porque es un poeta con una obra de real calidad y un cubano ejemplar que ha entregado su existencia, con absoluto valor y pagando enormes precios, a la lucha por el imperio de la libertad, la democracia y la justicia en nuestra trágica patria destrozada por el totalitarismo castrista.
Siempre he sostenido que la poesía es jugarse la vida a las palabras. Él lo ha hecho a la par que se la ha jugado para que Cuba se encamine final y decisivamente a su pendiente posibilidad. En los momentos más terribles de sus largas y atroces décadas en prisión, la poesía fue para este “plantado” expresión de la humanidad, la decencia, los sueños y el estar bien a ras de mundo de este poeta. Una decantada expresión de su amor por Cuba. En sus versos no hay ni odio ni resentimiento. Hay fe, amor y esperanza. La existencia como es y como debía ser. Y en los poemarios cuyo ámbito es la infancia, que escribió con letra diminuta y precisa mientras estaba privado de la cotidianidad de su sangre, alcanzó a plasmar con sencilla belleza, hondura y plenitud lo que constituye lo precioso de la inocencia y sus magias.
Díaz-Rodríguez precisa en la introducción a su nuevo poemario, “A contra viento” (Trafford Publishing, 2011), que escribió la primera parte de ese su canto a la libertad a pesar de las rejas en 1985, “en la tenebrosa prisión de Boniato, y es un libro compuesto por poemas que alimentaron mi espíritu y lo atrincheraron para resistir las peores adversidades. No fue hasta unos tres años más tarde que, en la paz de un ensueño revitalizado, entretejidos sus poemas en “Las olas de cristal” le fueron engarzados los que componen su segunda mitad. Son éstos como gotas de rocío en las alas de una gaviota imaginada. Una gaviota azul, como las olas, que vuela a contra viento en busca de la libertad”.
Hay una lectura inmediata, directa, diáfana y perfectamente comprensible en “A contra viento”. De igual suerte, hay una supralectura. Es la que entrega una de las infinitas posibilidades de la poesía. Radica en el enigma y la evidencia de que la poesía, por agónicos que sean su origen y ámbito marcado por la fatalidad, es caudal de una epifanía de prodigiosa plenitud. La gravitación del deseo y el sueño en el latido de la realidad deseable. Esa cualidad recorre el espectro de la obra poética de Díaz-Rodríguez.
Un poema es la cristalización de una idea, de una imagen, de una vivencia. Se cumple en su eficacia de comunicar su origen, razón, gravitación y trascendencia. En ellos radica su siempre y su súbito. En el entre dos aguas de esos términos, por encima y más de la delicadeza y la evaporación de los versos y su caudal de idealidad, su verdadera inteligencia por parte del lector radica en descubrir y calarse de la realidad mayor que marca y determina inexorable la existencia del poeta. La inevitabilidad de la historia.
Esa perspectiva cristaliza de modo tan singular como paradójico en “A contra viento”. Inherentes a la calidad y sentido estrictamente poético de este nuevo poemario de Díaz- Rodríguez, sus versos son un testimonio que desde su vida, lucha y pasión cubana dan cuenta con la autoridad que le confiere su condición protagónica, de la atroz, trágica, brutal y criminalmente represiva situación en está sumido el dividido pueblo cubano por el totalitarismo castrista. De igual suerte, son exponente de la empecinada resistencia y de lo mejor de la condición humana entregada a contra viento a la busca de la libertad. Conviene aquí recordar que la poesía es tanto una caricia como un arma.
La poesía, que primero me leyó mi madre Ana María desde que era un niño que no había aprendido todavía a leer, es para mí una imperiosa necesidad y una gracia. Mi lectura más cotidiana y constante. No ceso de hacerla y he dedicado no sé cuantas páginas a su estudio y crítica. Tengo bien establecidos mis criterios para su valoración. Creo que sé perfectamente la que sirve y la que no, que ahora es demasiada. “A contra viento” es uno de esos especiales poemarios que valen sin peros la pena. Tengo, mejor tenemos, que agradecérselo nuevamente a Ernesto Díaz-Rodríguez, tan buen poeta como buen cubano.
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