Publicado el 09-18-2012
No Todos Pueden
Ser Buenos Jueces
Los que ejercen cargos dentro del poder judicial o aspiran a ellos deben ser personas no solamente con sentido de responsabilidad moral y ciudadana; no solamente ser también preparados en materia del conocimiento de las leyes, sino que igualmente se requiere que tengan el temperamento y la malicia normal que se necesitan para desempeñar con eficiencia, con relativa exactitud sus funciones. Muy importante es lo relativo al temperamento en el sentido de ser firmes y correctos en la aplicación de las leyes y sin ser insensibles en lo humano que no incurran en sensiblerías – sentimentalismo exagerado – que favorezcan inmerecidamente a los delincuentes.
A veces han ocurrido casos en que, por ejemplo, fácilmente se concede libertad bajo fianza sin haberse cumplido con la elemental y necesaria misión de investigar las características del que va a ser objeto de ese beneficio. Y, como consecuencia de ello, se le otorga esa libertad bajo fianza a quien después, muchas veces al poco tiempo, quizás en cuestión de horas, comete un grave delito en perjuicio de la vida o propiedad de personas honradas.
El funcionario judicial que no tenga el temperamento adecuado dentro de un razonable sentimiento humano para ser firme en el ejercicio de su cargo, debe dedicarse a cualquier otra cosa menos a proteger a la sociedad impartiendo justicia. Y es que en esos casos, aunque quieran impartir justicia correctamente, cuando se convierten en una especie de aliados involuntarios del delincuente por la vía de la generosidad, son funcionarios perjudiciales para la causa de la justicia y para los intereses de la seguridad pública, de la sociedad en general.
Todo lo dicho no significa en modo alguno que los jueces tengan la obligación absoluta de ser hostiles con respecto a los delincuentes. No se trata de hostilidad sino de ser justos, al margen de caprichos personales a favor o en contra del acusado o del delincuente. En realidad, lo expresado tiene por objeto referirse a esos miembros del Poder Judicial que marcadamente son excesivamente flexibles y generosos con respecto a los delincuentes, ya sea en materia civil o en materia criminal. Es muy importante, pues, que los jueces y los fiscales revisen adecuadamente si el delincuente merece, de acuerdo con su historial, un tratamiento más o menos benévolo o, por el contrario, debe ser castigado severamente y obligado a cumplir con los compromisos adquiridos por una sentencia judicial.
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