Publicado el 10-04-2012
Le llegó la hora a Chávez
Por Eucario Bermúdez
Le llegó la hora a Chávez. Le llegó la hora de la auténtica democracia a Venezuela gracias al bravo pueblo que se ha sacudido de la opresión de tres interminables períodos de dictadura Chavista para dar la bienvenida a la justicia, la libertad, la seguridad, la reivindicación de las clases sociales, de la mano de un audaz y valeroso joven político que ha logrado volcar las multitudes en torno a sus banderas. Es lo que el mundo libre espera que ocurra en cuestión de horas, tras la mas fogosa y desventajosa campaña en la que el gobierno ha abusado de los recursos del estado para financiar la pretensión continuista del golpista.
El pueblo ha entendido bien el engaño de la revolución socialista del siglo veintiuno que no ha conducido sino a la debacle económica, social, cultural y política de Venezuela. Al desorden, a la inseguridad, al despilfarro de los dineros del pueblo repartiéndolos a mandatarios amigos que se han plegado a sus consignas en un afán dominante que pretendió instaurar Fidel Castro en su momento, habiendo fracasado. Hoy es su pupilo el que también vive ese fracaso.
Gracias al despertar de ese bravo pueblo y de los lideres tradicionales de la democracia, Henrique Capriles ha podido abrirse paso con sus ideas frescas, juveniles, renovadoras, intensas, dinámicas, claras, prometedoras, responsables, con las que ha logrado conquistar las mayorías, esas que esperamos ver triunfantes el domingo. El mejor ejemplo de solidaridad política y patriotismo lo están dando los Venezolanos del exilio a los que Chávez pretendió negarles su voto acudiendo a la patraña miserable de cerrarles el Consulado de Miami. No les ha importado la distancia ni el sacrificio económico y están dando un ejemplo inmenso de compromiso con su patria lejana.
Pese a las grandes cantidades de dinero del pueblo que Chávez dilapida en su campaña para prolongar su borrachera de poder, la oposición ha logrado consolidarse venciendo todas las trabas y triquiñuelas sucias de un exmilitar que no conoce las normas de la decencia, la pulcritud y el respeto por quienes no están de su lado. Sus frases ofensivas, de la peor calaña, los insultos, las payasadas fuera de tono, la inundación de carteles, afiches, muñecos; las falsas promesas que ya nadie cree, el desorden, los centenares de muertos de cada día, el deterioro de los servicios públicos, las revueltas carcelarias, el apoyo al narcoterrorismo, el matrimonio con la dictadura de los Castro, las relaciones absurdas con lideres como el Presidente Iraní, el mentiroso desafío constante a la primera potencia del mundo, los Estados Unidos a la que siempre culpa de todos los males de la humanidad, ya son argumentos trillados, molidos y triturados por la opinión publica a sabiendas de que son recursos retóricos que ya nadie cree.
Esta a punto de escribirse una página reivindicatoria de la tradición democrática de Venezuela. Es ahora o nunca. Y así lo entienden las hordas que vienen llenando calles y plazas en despliegues humanos llenos de esperanza. Las dudas sobre el reconocimiento de la victoria no son descartables, teniendo en cuenta la trayectoria sucia, aberrante, violatoria de los derechos humanos que en no pocas ocasiones ha propiciado la violencia criminal que ha terminado con el sacrificio de muchas vidas.
Con los deseos de triunfo para Capriles, que son los mismos de Venezuela y su pueblo, las naciones libres y democráticas del Continente deben montar guardia para repudiar cualquier intento. Sería intolerable que ante el arrollador empuje de las mayorías sanas del país, su voluntad fuese conculcada en otra maniobra repudiable de Chávez y sus camaradas.
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