Publicado el 10-11-2012
La gran decepción
Por Eucario Bermúdez
Ningún proceso democrático como el de Venezuela, había despertado más interés, había involucrado más gente en distintos puntos del mundo, había creado más expectativas y alentado más deseos de triunfo de la democracia, traducida en una derrota al Presidente Hugo Chávez. Por ello y por un futuro incierto para esa nación y para el subcontinente, lo del domingo en Venezuela ha sido la gran decepción, aun contando con una formidable votación que desafortunadamente no logró superar la del candidato repitente.
Pese a todo el bravo pueblo, casi la mitad de los venezolanos pusieron un punto muy alto en el panorama político del país, uno que no podrá desconocer el reelegido, y que constituye un nuevo campanazo de una victoria que ha de llegar más temprano que tarde. Ello siempre y cuando se mantenga la unidad que rodeó con tanta voluntad y entusiasmo a Henrique Capriles un candidato que respondió a las expectativas y que no dio tregua al contendor que por más insultos, ofensas y sucios calificativos. El supo conservar la serenidad, la altura, la superioridad intelectual, la simpatía juvenil y planteó proyectos serios, viables, confiables que de triunfar hubiese puesto en ejecución en beneficio no solo de sus seguidores sino de todo el pueblo.
Ahora la incertidumbre rodea a Venezuela y a los pueblos libres de América, no importa que se hubiesen producido saludos y palmaditas congratulatorias de muchos mandatarios, entre ellos obviamente sus compinches de Argentina, Ecuador, Nicaragua, Cuba y Bolivia que temieron una derrota de Chávez puesto que con ella se esfumarían las grandes cantidades de dinero usurpado al pueblo venezolano, como lo ha hecho hasta ahora privando a sus conciudadanos de la seguridad, el bienestar, la paz, el desarrollo, el progreso, la justicia.
Son muchos los interrogantes, las frustraciones, pero también los temores de los ciudadanos de bien. Aquellos que tuvieron que exilarse en otros países porque les arrebataron sus propiedades y negocios y veían entusiasmados la posibilidad del retorno y los que confiaban en el triunfo para no tener que abandonar la patria amada, como ya está ocurriendo con una desbandada que podría convertirse en éxodo de proporciones.
Será indispensable mantener la mística, la solidaridad, la unidad que permitió un proceso electoral valiente, ejemplar y copioso en términos de votos. Como dijo Capriles, hay que levantarse, erguirse y sin vacilaciones seguir adelante con ese gran capital político alcanzado el domingo, para que cuando llegue el momento oportuno haya un pueblo aun más decidido a triunfar. El compromiso de los líderes de la unidad debe mantenerse y aun con mayor vigor.
Por su parte, naciones libres, democráticas pero pusilánimes e irresponsables ante un gobierno autócrata, deberían ser menos complacientes y tolerantes ante las violaciones de los derechos humanos, la confiscación de la propiedad privada, la persecución política, el patrocinio y albergue de narco terroristas, la corrupción que desangra la riqueza nacional en beneficio de unos cuantos amigotes anarquistas y engaña a los desamparados con dádivas y embelecos miserables a cambio de respaldo y sumisión.
Se abre un nuevo capítulo en esta vía dolorosa en la que ha convertido Chávez a Venezuela. Pero –otra vez- como dijo Capriles, Dios tiene su tiempo y “vamos a seguir construyendo este proyecto, con la ayuda de todos los venezolanos”. Las elecciones de diciembre para renovar gobernaciones y entidades legislativas serán un escenario apto y propicio para demostrarlo. Entre tanto los residentes en el sur de la Florida seguimos con los brazos abiertos esperando a quienes vienen a contribuir al fortalecimiento de nuestra comunidad hispana.
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