DOWNTOWN DE MIAMI. (Foto Jesús Hernández).
Publicado el 10-20-2012
Memorias
Por Armando Álvarez Bravo
Siempre me han celebrado mi esteparia y minuciosa memoria. Tenerla es una suerte pero también una carga. Me atrevo a afirmar que recuerdo prácticamente todo lo que ha tocado mi existencia, desde lo más remoto hasta lo más insignificante. Es algo bien difícil de sobrellevar. En mi ya larga vida hay muchas cosas que quisiera y debiera olvidar. Coexisten con mis mejores y más entrañables vivencias. El paso del tiempo me ha enseñado a armonizarlas. Es imprescindible para vivir como es debido el día tras día. La clásica expresión “carpe diem” siempre tendrá una absoluta vigencia.
Con todo lo que para bien y para mal me ha tocado ver, vivir, encajar y recordar, tanto lo bueno como lo malo y terrible, hay algo que no pocos me han pedido y me piden. No es otra cosa que el que escriba mis memorias. Esa amable demanda tiene como fundamento un muy válido razonamiento. Los que me invitan a realizarla creen basados en mi memoria y con mucha razón, que cuando yo muera, si no escribo esas páginas, se pierden para siempre hechos, circunstancias, realidades personales, coyunturas históricas colectivas, detalles y precisiones que, más allá de mí mismo, son testimonio y materia de un tiempo que cambió el destino cubano y lo precipitó en el desastre. De igual suerte ─ desde mis perspectivas, sucedidos y experiencias─ que son exponente de la vida en la Cuba totalitaria y en el exilio. Una experiencia histórica y humana que, nunca antes del funesto 1959, los cubanos podíamos imaginar.
Soy un poeta cuya poesía está afianzada en su a ras de mundo en todos los órdenes. Mi prosa, con el mismo espíritu e intención, es su complemento. Soy y me considero esencialmente autobiográfico. De esta suerte, el espectro de mi obra es muy dilatado y deliberadamente revelador de mi compleja persona y circunstancia. Mi escritura me revela y entrega de cuerpo y alma. Entre lo demasiado que tengo pendiente están mi “novela de poeta” y mis “memorias”.
En lo que concierne a las memorias, debo decir que en gran medida y con sensibilidad e inteligencia ya existen y siguen creciendo en mi poesía, mi prosa y, tanto, en mis diarios. He perdido unos cuantos diarios, pero desde el 2010 llevo puntualmente uno, Desde un plano de sombra, en que he volcado y sigo volcando mi vida, recuerdos, ideas y reflexiones.
¿Mis “pendientes” memorias? Si Dios, la edad, mi salud, obligaciones y el tiempo así lo permiten, no renuncio a escribirlas. Tengo muy claro su estructura, aunque recuerdo que pueden hallarse en mi poesía y en mi prosa. La integran varias etapas: mi niñez y primera juventud hasta el funesto 1959; mis largos años padeciendo a raudales el totalitarismo castrista; y mi exilio, que no ha sido precisamente miel sobre hojuelas. Todo ese tiempo es suma de la existencia de un poeta y cubano y guarda, más allá de lo personal, un panorama del más funesto momento de la historia de mi patria. Mis precisiones y visión sobre ese inexorable acontecer. De no fijarlo en palabras demasiado de ese transcurrir inevitablemente se perderá. Creo que si llego a escribir esas memorias servirán para iluminar un poco más esa historia en progreso nuestra que es preciso conocer, analizar e interpretar al detalle cara a nuestro futuro, a nuestra pendiente posibilidad.
No será nada fácil para mí acometer ese empeño. Cualquier libro de memorias es tanto un balance como una selección de elementos insoslayables y esclarecedores. Conlleva volcarse sobre personas, hechos y circunstancias determinantes, lo que puede herir la sensibilidad de otros. Es algo que rechazo sin por ello nunca haber dejado de ser absoluta y deliberadamente veraz en mi escritura. Ese es uno de sus anclajes básicos.
Sí, quiero escribir mis memorias. Pero decidirme a hacerlo depende de varios factores. Va de suyo que es fundamental el que sea capaz de concebir una manera de expresar cabal pero armoniosamente y con generosidad temas y acontecimientos de delicada naturaleza. De igual suerte, que ciña lo esencial del espíritu de la época con su realidad, desarrollo y consecuencias. La reflexión y consideración de esos dos factores es algo sobre lo que medito desde hace mucho tiempo.
Hay un tercer factor: el tiempo. Tengo que hacérmelo en mi colmado tiempo que naturalmente va a menos. Por otra parte, aunque tengo una inmensa confianza y certidumbre en mi caudal memoria, nunca dejo de pensar que puede llegar un momento en que comience a traicionarme. Digo esto a pesar de ser un tenaz soñador que no deja de desear, pero que tiene los pies bien puestos a ras de mundo. Sé sin presunción que mis memorias pueden ser útiles para la historia. Además serían un legado para mis hijas y mis nietos. No se puede pedir más.
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