La urbe mayor quebecuá en imágenes. Fotos Jesús Hdez.
Publicado el 10-20-2012
Invierno en Montreal
Por Jesús Hernández Jhernandez@DiarioLasAmericas.com
Motivos para viajar hay muchos y el frío invierno puede ser uno de ellos. Época del año que puede ser divertida, además de elegante y romántica. Destinos muy particulares como Montreal donde el encanto urbano está dado por la influencia cultural francesa y otra muy atractiva que llaman quebecuá. Singular fusión que hace al visitante sentirse cerca del país galo, sin tener que desembolsar el monto que conlleva un viaje al otro lado del Atlántico.
Piense que por muy crudo que sea, no hay quien niegue la belleza de una ciudad nevada. Sólo basta llenarse de valor, ponerse un buen abrigo y beber un buen vino tinto. El resto lo pone la calefacción y la imaginación.
En Montreal el frío comienza a sentirse en noviembre, mientras en enero y febrero la temperatura oscila entre los 20 y 5 grados centígrados bajo cero (-4 y 23 F). Singular congelación que invita a visitar el viejo casco histórico Vieux-Montréal, la antigua villa amurallada que colinda con el nuevo Montreal, donde la imagen invernal adquiere mayor connotación junto a las viejas edificaciones construidas durante la época colonial rancesa.
La plaza Jacques-Cartier, erigida sobre una pequeña colina que mira al viejo puerto, es el centro neurálgico del barrio antiguo. Allí abundan los restaurantes y bares que emperifollan durante el invierno con las típicas guirnaldas de Navidad. La explanada se cubre de nieve y surge el atractivo contraste de la blanca sábana con el color terracota de las edificaciones colindantes.
Al caer la noche, las edificaciones muestran un impresionante despliegue de luces a color que acentúa la belleza arquitectónica. Un suceso que llama la atención del visitante y lo seduce hasta animarlo a recorrer las calles.
La catedral, que llaman “La Basilique Notre-Dame”, situada frente a “Place d’Armes”, es también lugar a visitar. Una atractiva edificación neogótica, construida entre los años 1824 y 1829, que cuenta con un gran caudal artístico en su nave interior. Precisamente allí, en su nave interior y mirando al altar, tiene lugar una de las atracciones más innovadoras en Montreal. Un espectáculo de rayos láser en pleno templo católico que hace traslucir los vitrales que conforman las altas paredes.
Entretenimiento
Además de admirar la rica arquitectura, disfrutar el frío y patinar sobre hielo, Montreal cuenta con una gran oferta de ocio, que junto a las salas expositoras museológicas y abundantes bares y restaurantes, ocupan buena parte del tiempo de la visita.
Rue Sainte Catherine resulta ser la gran arteria comercial. Una calle que atraviesa la ciudad de norte a sur y ostenta un sin fin de locales que responden a cientos de tiendas, restaurantes y cafeterías. Desde su comienzo, sobre el lado moderno de Montreal, donde los edificios más altos anuncian la presencia de la lengua inglesa, hasta el otro extremo, luego de cruzar la calle St. Denis, donde prácticamente se divide la ciudad en zona anglo y gala; . Sainte Catherine es centro de ebullición pública. Un entorno claramente significado por la presencia del idioma francés y la buena cocina regionalizada que ostenta como complemento el exquisito vino francés.
¿Cómo llegar allí?
Por aire o carretera es fácil. Varias son las aerolíneas con servicio a su aeropuerto, destacándose American Airlines y Air Canada. Si portas un pasaporte estadounidense no necesitas obtener visa, pero si viajas con otro documento, comunícate con la oficina consular del país norteamericano para obtener información adecuada.
Evita cambiar dinero. Ten a mano la tarjeta de crédito o ATM que puedes usar sin problema alguno. Así obtendrás la mejor tarifa internacional establecida y no pagarás comisión por el cambio.
¿Dónde hospedarse?
Montreal cuenta con una amplia oferta de hoteles para todos los gustos y bolsillos. Sin embargo, frente a Place des Arts, sobre la mismísima Rue Sainte Catherine, situado en el punto medio entre el nuevo y el viejo Montreal, está el Hyatt Regency Montreal, descansando sobre el centro de comercio subterráneo Desjardins que enlaza buena parte de la ciudad por medio de unos pasillos que unen centros comerciales y estaciones del metro que facilitan el andar en tiempo de frío invierno.
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