del Estado sobre la producción agrícola. La respuesta ofrecida hace algunas semanas, a cuestiones tan importantes cómo la asignación y venta de insumos y aperos de labranza, no es suficiente para poner a producir una tierra cuyas cosechas se tendrán que vender a los precios de un mercado regulado por el gobierno.
Esta será en esencia, la cuarta reforma agraria que ensaya la dictadura cubana. Un ensayo que en opinión de los analistas que he podido consultar está destinado al fracaso. No es así como el general Raúl Castro, podrá resolver los problemas del consumo de alimentos agropecuarios de la población.
Esta especie de minifundio en usufructo, con rigurosos controles estatales, está muy lejos de igualarse con los cambios estructurales que el país necesita. La exitosa experiencia agrícola de China y Viet Nam -regímenes tan antidemocráticos y dictatoriales como el de Cuba- fue posible porque el Estado liberó de su yugo a los sectores productivos agrícolas.
Los sucesores de Mao-Tse Tung y Ho-Chi-Ming, no trataron de “remendar con paño nuevo un vestido viejo”; aunque claro, hay que reconocer que en el caso cubano, todavía no hay en el gobierno genuinos sucesores de Fidel Castro. La razón es obvia.