El régimen fundamentalista islámico de Irán ha encontrado en la obstinada dictadura castrista un aliado estratégico, para su política anti-norteamericana. No es un descubrimiento nuevo. Los vínculos entre Teherán y La Habana tienen ya veinte años de existencia; se remontan a 1979 cuando el dictador Fidel Castro fue uno de los primeros jefes de Estado en reconocer a la recién estrenada república islámica de los ayatolas.
Cómo puede explicarse ese extraño maridaje entre una dictadura que proclama su filosofía marxista-leninista y un régimen que aspira a instaurar una sociedad teocrática basada en el más rancio fundamentalismo islámico?
La contradicción fue resuelta por el propio Castro cuando, dejó a un lado ese molesto aspecto ideológico del marxismo, proclamando que no hay contradicción entre su revolución y la religión. Preparado el escenario -que la dictadura castrista monta cuando le conviene-, lo demás es una simple cuestión pragmática: alianza de intereses.
Aunque los vínculos entre el Irán fundamentalista y la Cuba castrista no son nuevos, lo que sí es nuevo es su significativo incremento de los últimos años. Lo acaba de revelar un informe del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Miami.
Para comenzar vale destacar la importancia que el informe atribuye al respaldo financiero que Teherán le está dando a La Habana: Desde el año 2005 a la fecha, Cuba ha recibido el equivalente aproximado de $1,118 millones de dólares, procedentes de Irán.
Dicho desde otra perspectiva esos créditos saltaron de unos modestos 20 millones en el 2005, hasta la cifra actual. Todo indica que para el presidente, Mahmoud Ahmadinejad, Cuba merece ser recompensada por el apoyo diplomático que le ofrece a Irán en el seno del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) en respaldo de su “pacífico programa nuclear”, anota el ICCAS.
“Con el financiamiento de la República Islámica, Cuba está haciendo inversiones importantes, en un esfuerzo por rehabilitar su deteriorada infraestructura de la era soviética”, explicó el informe.
Irán contribuye con fondos para unos 60 proyectos en Cuba que van, desde la adquisición de 750 vagones ferroviarios construidos en ese país, hasta la construcción de plantas de energía, represas y carreteras.
Además de esos créditos millonarios, Cuba forma parte también de la alianza estratégica que el fundamentalismo islámico ha tejido con la revolución bolivariana de Chávez. El eje Teherán-La Habana-Caracas, cobra forma y vida cada día.
En ese sentido, el informe en cuestión nos recuerda que el pasado mes de mayo se constituyó una curiosa empresa naviera de carga que mantendrá una línea de comunicación entre Teherán-La Habana-Caracas. En opinión del ministro iraní de Finanzas será un importante lazo económico entre los tres países.
La política exterior iraní en la región no se limita a Cuba y Venezuela. Su estrategia es más abarcadora, yo diría que en correspondencia con su objetivo principal: socavar los intereses de Estados Unidos en América Latina y retarlos en su propia área de influencia. Es obvio que la revolución bolivariana de Hugo Chávez y su llamado socialismo del siglo XXI, se ajustan a la perfección en ese marco.
Para eso también está sirviendo La Habana, que se ha convertido de la noche a la mañana, en un importante centro bancario y financiero iraní. Cómo me señaló hace unos días el profesor Jaime Suchlicki, director del ICCAS, Cuba es un lugar más apropiado para encubrir las operaciones bancarias iraníes en la región. La Habana está fuera del circuito fiscalizador bancario internacional.
Desde la perspectiva cubana la alianza estratégica con Irán no sólo le reporta dividendos económicos. La dictadura castrista aplica desde siempre el principio de que “los enemigos de mi enemigo, son mis amigos”. Dicho de otro modo: la política anti norteamericana del fundamentalismo islámico es semejante a la proclamada “lucha contra el imperialismo” que enarbola el castrismo y suscribe su réplica bolivariana: el chavismo.