“sigue negando el acceso del pensamiento revolucionario no oficial a la prensa, continúa usando el cerco imperialista como justificación para contener el avance de la socialización (...) y sigue recargándose todo el peso y la responsabilidad por la crisis en los trabajadores y el pueblo”.
Según la proclama, Raúl Castro “abrió un capítulo de esperanzas” que no se debe perder, “pero la resistencia natural del tejido burocrático solo le ha permitido presentar medidas aisladas (...) sin confrontar los problemas de fondo”.
El mercado “será necesario por un tiempo indeterminado”, según el documento, y explica que un “error grave del socialismo estatal ha sido su pretensión de administrar y dirigir la economía y sus leyes que existen al margen de los deseos humanos”.
Los firmantes proponen “perfeccionar” las elecciones con “formulas más participativas, democráticas y directas”, y “actualizar el código penal de acuerdo con los recientes pactos de derechos humanos (...) firmados por el Gobierno”, pero no ratificados.
“Deberán revisarse cuanto antes las condenas excesivas a detenidos por asuntos vinculados a cuestiones políticas”, plantean.
Aconsejan “respetar la propiedad privada personal y la decisión sobre la misma y consecuentemente liberar la venta de objetos particulares incluidos autos y viviendas (...), así como facilitarse el trabajo libre para jubilados y discapacitados y liberar todo el trabajo por cuenta propia”.
También piden “una nueva ley migratoria que elimine las absurdas medidas como el permiso de salida”, y derogar el decreto que prohíbe a los cubanos moverse sin permiso dentro de la isla.