El rostro risueño que cada mañana acompaña nuestro amanecer con noticias en el espacio Despierta América, de Univisión 23, es el de una muchacha hondureña que en la infancia soñaba con estudiar medicina.
Pero cuando Neida Sandoval tenía sólo 17 años, y había incluso matriculado la carrera de medicina, decidió costearse sus propios estudios y comenzó a trabajar como demostradora de cosméticos en una farmacia de Tegucigalpa, la capital de Honduras, donde fue descubierta por un productor de televisión.
“Me ofrecieron actuar en una película navideña y acepté porque siempre me había gustado el teatro. De hecho, lo había representado en la escuela, en mi pueblo natal Minas de Oro. A partir de ese momento, el entrenamiento para la televisión se hizo cotidiano y por ese camino estudié en la escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Honduras”.
Neida Sandoval se desempeña en este oficio desde hace 29 años. Pasión que manifiesta en un medio tan competitivo como lo es la televisión, a la vez que asume el reto de mantener sus éxitos como mujer y madre de familia. “Eso requiere un gran esfuerzo, porque como latina quieres asumirlo todo y sacar el ciento por ciento tanto en el trabajo como en la casa”.
“Lo que hace marcar la diferencia cuando se requiere de estos grandes esfuerzos es el optimismo con el que asumes los desafíos. De la misma manera que consideramos a Estados Unidos el país de las oportunidades, pienso también que el éxito depende de una oportunidad bien aprovechada”.
Desde su perspectiva periodística y por el ejercicio diario que práctica de mantenerse informada, acerca de la situación socio política de la región centroamericana, Neida Sandoval ofreció sus opiniones.
“Centroamérica está viviendo tiempos delicados en el aspecto económico y político. La pobreza, la violencia, el crimen organizado y la corrupción no permiten que los países prosperen y las personas tengan mejor calidad de vida”.
“Si a ello se le añade la vulnerabilidad de la región a los fenómenos naturales, la crisis económica se intensifica. Por ejemplo, en Honduras, a diez años del paso del huracán Mitch, el 80 por ciento de la población vive aún por debajo del nivel de pobreza y cada día muchos más hombres dejan detrás a sus familias, emigrando al Norte en busca de empleo y oportunidades”.
“En esa misma medida, a falta de la aprobación de una reforma migratoria en los Estados Unidos, cada día más centroamericanos terminan siendo deportadas y por tanto la posibilidad de que envíen remesas para aliviar las penurias de sus familias disminuye”.
De Honduras en particular, Neida opina que las marcadas divisiones políticas existentes han desviado la atención de otros hechos de suma importancia. Así como que el cúmulo de dudas respecto a las acciones más recientes del presidente Manuel Zelaya, al abrir las puertas del país al presidente venezolano Hugo Chávez, sin permiso del pueblo y también sin ofrecer explicaciones coherentes, están fomentando mucha incertidumbre.
“En estos momentos el Congreso de la República de Honduras no ha ratificado el acuerdo de la firma del ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). Lo que ha trascendido es que el presidente hondureño se atribuyó la prerrogativa de invitar a Hugo Chávez, a Daniel Ortega (presidente nicaragüense) y a Carlos Lage (vicepresidente cubano) para realizar una fiesta revolucionaria en Tegucigalpa y oficializar la firma del tratado, sin que los pormenores del documento hayan sido analizados”.
Como hondureña a Neida le preocupa el curso de estos acontecimientos, así como la marcada tendencia del presidente del país a estrechar lazos con regímenes como el de Cuba y Venezuela que facilitan al país centroamericano becas de estudios para sus ciudadanos o combustible para respaldar la productividad.
El amor patrio, asegura la presentadora de noticias, lo aprendió de sus padres Abener y Aida, quienes le enseñaron, en el contexto de una familia de nueve hermanos, el respeto por su nacionalidad, su gente y su esencia.
“Por eso pienso que celebrar nuestras fiestas patrias es un deber de todos, para enseñar a los más jóvenes, que aunque vivamos fuera de nuestros países debemos honrar nuestros símbolos y sentirnos orgullosos de nuestra idiosincrasia y cultura”.
“Ese patriotismo se lo inculco a mis hijos gemelos de seis años, para que amen este país, donde nacieron y también el de sus padres porque ese amor a tu tierra es lo que marca nuestra esencia como seres humanos”.