Uno de los problemas más graves a resolver a la hora de la reconstrucción de Cuba, es el de la restitución del patrimonio nacional, tras 50 años de saqueo por parte del régimen. Efectivamente, el patrimonio nacional cubano, no se libró de la voracidad y el pillaje de los Castro, que comenzó desde el mismo inicio de la revolución con la creación y puesta a funcionar del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados.
El saqueo del patrimonio nacional, ha sido una de las formas en que Fidel Castro ha llevado a cabo la destrucción de Cuba. Pero personalidades como el Dr. Alberto S. Bustamante, médico, coleccionista, que preside la institución “Herencia Nacional Cubana”, está dedicado a reivindicar ese patrimonio dondequiera que haya sido saqueado con apariencia de legalidad.
El trabajo de Bustamante ha sido denunciar esas ilegalidades con el propósito de poner a funcionar la ley para recuperarlo dondequiera que sea posible. El ha precisado que esos bienes saqueados pueden ser localizados y devueltos a sus propietarios originales, mediante el uso de la Inter-net creando un banco de datos y exponiéndolos al mundo mediante una investigación exhaustiva, en las bibliotecas, museos y archivos, para así comenzar a localizar las obras robadas durante el régimen
La pasada semana se llevó a cabo precisamente la cuarta conferencia de la serie sobre el saqueo del patrimonio nacional en Cuba, siendo panelistas las abogadas Tania Mastrapa, y Mari-Claudia Jiménez, expertas entre otras actividades jurídicas, en litigios sobre obras de arte y reclamaciones de propiedades confiscadas.
No hay obras de arte en el más amplio sentido en que una obra puede ser catalogada como tal, que no haya sido objeto de la voracidad del régimen, que ha puesto en práctica todas las formas posibles del robo.
Bustamante inició su exposición precisando el concepto de la palabra saqueo, que cubre “desde piezas patrimoniales únicas” como son los artefactos de una civilización: objetos taínos y ciboneyes, óleos de nuestros pintores clásicos, que son irrepetibles. Bustamante cita las “colecciones exquisitas”, como las de Julio Lobo y la Condesa de Revilla de Camargo.
Es saqueo también el despojo de una manera u otra, a individuos particulares, de objetos con valor monetario o sentimental, como es el caso del sistema utilizado por el comunismo cubano, como ha sido con las tiendas Hernán Cortés. Lo mismo se puede llamar saqueo a las confiscaciones del gobierno, cuando lo vende, cuando los especuladores lo compran, y cuando otros lo compran al gobierno o a los especuladores que lo sacan del país.
Bustamante dividió el saqueo en 2 etapas. Una, de 1959 a 1980, marcada por la confiscación de bienes de los miembros del anterior gobierno. Y 1980 hasta el presente, que incluye el Período Especial a partir del 90, en que comenzaron a mermar los jugosos subsidios soviéticos, obligando al régimen a intensificar sus negocios con el Cartel de Medellín.
Sumamente interesante resulta lo dicho por el Dr. Bustamante, de que en estos 50 años se ha especulado también con los pequeños tesoros familiares del pueblo cubano. “Para obtener acceso a éstos, el gobierno castrista, aprovechando la escasez de alimentos y utensilios eléctricos y domésticos, estableció ´Centros de Cambio´, en donde se fomentaba el intercambio de joyas y obras de arte por utensilios necesarios para sobrevivir.
Objeto de saqueo ha sido la fabulosa colección napoleónica de Julio Lobo, una de las más valiosas del mundo, “con todo lo imaginable de este tema, como muebles, uniformes, armas antiguas, objetos personales y documentos en cantidad que rebasa los 200,000.
La colección, o la mayor parte de ella fue entregada por Lobo antes de salir de Cuba a la embajada de Francia, con el compromiso y la promesa de los oficiales franceses de que se sacarían de Cuba y se le devolvería en un momento determinado. A estas alturas el litigio sigue, si bien se cree en la posibilidad de dividirla entre las tres partes. Hasta el momento no se sabe el resultado.
Oleos de la Colección Cintas, bajo la custodia del Museo de Bellas Artes de La Habana, administrada por la Fundación Cintas, han sido también víctimas del saqueo castrista. En 1985 se descubrió que 5 óleos muy valiosos habían desaparecido del museo, y, después, que fueron presentados en una exposición de Sorollas en España. Asimismo, en 1989, el gobierno cubano pretendió aparecer como dueños de esas obras y actualmente sigue el debate en las cortes sobre la propiedad de los cuadros.