la cara. Se limitó a enviar a sus subordinados y a llamar por teléfono para informarse de la situación.
Mientras tanto Fidel Castro escribía sus artículos y reflexiones sobre el tema como dogma de fe.
No conocemos todavía la opinión del general presidente, sobre el trajinado asunto de la ayuda humanitaria que ofreció Estados Unidos para socorrer a los damnificados por los huracanes. Imagino que es la misma de su hermano pero sólo puedo, con toda objetividad, decir eso: Imagino. Porque de su boca no ha salido una sola palabra al respecto.
Quien sí ha opinado sobre el asunto ha sido Fidel Castro. Su último artículo le puso punto final a las reiteradas ofertas de Estados Unidos. Fue un artículo inescrupuloso y manipulador, escrito con la impunidad que le otorga el control absoluto de la desinformación.
Los cubanos que pudieron escuchar la radio o la televisión el pasado lunes 15 de septiembre, o quizás alcanzaron a leer el diario Granma, se enteraron de que el gobierno de Cuba rechazaba por tercera vez la ayuda estadounidense.
Un día después Castro aclaraba que desde el primer momento el gobierno cubano había dicho que no se aceptaba esa ayuda porque provenía de Estados Unidos, por causa del “bloqueo”, porque Washington quería enviar una comisión a evaluar los daños, para en realidad espiar en el país.
Falso. Lo cierto es que la Cancillería cubana sólo rechazó, en sus dos primeras notas, el equipo de evaluación de daños. Insistió, eso sí, en que Estados Unidos cambiara la legislación actual para poder comprar a crédito en este país.
Lo que sucedió ese fin de semana lo desconoce todavía la mayoría de los cubanos.
Estados Unidos aceptó enviar la ayuda sin condiciones previas. Una ayuda inicial de cinco millones de dólares en alimentos y provisiones que serían, incluso, entregadas directamente a las autoridades cubanas para su distribución a los necesitados. Transportadas en un avión civil, privado, para no “herir susceptibilidades”.
De nada de eso habló Fidel Castro cuando en nombre de la “dignidad nacional”, le cerró la puerta a la ayuda estadounidense. Para algunos, fue un portazo a lo que pudiera haber sido el primer paso de un largo y complejo camino, que algún día tendrán que recorrer Cuba y Estados Unidos.
Por ahora Raúl Castro permanece al margen de la polémica porque mantiene su boca cerrada sobre el tema. Aunque como dice el refrán: el que calla, otorga.
Sin ánimo de faltar al respeto, hay que repetir a tono con el humor criollo, que el general Castro es también un presidente cucharita. Una cucharita, además, milagrosa.
Si el humor criollo está equivocado, el general Castro tiene todavía la posibilidad de demostrarlo. No le van a faltar oportunidades en los días por venir, porque el futuro de los cubanos y del régimen que los oprime es cada día más incierto.