Me acabo de enterar ahora que la radio, la prensa y la televisión cubanas están difundiendo anuncios de publicidad comercial. Confieso que “la noticia” me tomó por sorpresa. Yo, que dedico una gran parte de mi tiempo a leer la prensa cubana, escuchar la radio y ver la televisión de la isla, no me había percatado del asunto.
Lo supe porque lo leí en una de los últimos artículos publicados por “el compañero Fidel”. Confieso de nuevo que estoy confundido, porque ni siquiera, después de leer lo escrito por Fidel, soy capaz de encontrar esa publicidad.
Pero está claro. Lo dijo en su “reflexión” del pasado 19 de septiembre, publicada bajo el moralizante título de “Los vicios y las virtudes”. Fue un alerta dirigido a los “cuadros” del Partido y del Gobierno a no caer en la tentación del consumismo; una llamada de advertencia a la sobriedad y a la vida austera, en medio de una sociedad que se caracteriza por las ofertas de consumo que asaltan nuestros sentidos, desde las hondas hertzianas, la pantalla chica y las páginas impresas.
El Comandante en Jefe, aún desde su retiro de enfermo, dejó patente su constante preocupación por mantener las virtudes revolucionarias que ha predicado durante medio siglo. Por eso, con tono paternal y didáctico, aprendido a lo largo de su ejercicio en el poder, recomendaba a sus huestes dirigentes del país:
“No es fácil la tarea de los cuadros (léase dirigentes políticos) en un mundo donde la incitación al consumismo es permanente a través de todos los medios radiales, televisivos, electrónicos y escritos, y los métodos de seducir al ser humano son extraídos de laboratorios y centros de investigación. Obsérvese lo que ocurre con lo que se ha dado en llamar publicidad, por la que los consumidores pagan más de un millón de millones cada año. Se repiten tanto los anuncios comerciales, que desesperan por su banalidad a casi todas las personas”...
Y añadía más adelante: “Todo conspira contra las reservas en materiales y en divisas del país, lo cual puede traer escasez de productos y exceso de dinero circulante. Lo mismo ocurre cuando los que tienen dinero abundante corren a comprar en exceso lo que les vendan en las tiendas de divisas”.
De regreso a la realidad, no creo que soy yo el que está confundido.
Ante todo, ese debate político-cultural, suscitado por la publicidad, se ventila desde
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