mercado en Cuba”. Muy bien, pero ¿a cuál proceso se refiere? ¿Hay algún “proceso” en marcha en Cuba en esa dirección? Sería bueno preguntarle a los cubanos que viven en la isla si se respiran aires “de transición hacia una democracia pluralista y una economía de mercado en Cuba”.
La frontera entre el optimismo y la ingenuidad es muy delgada.
En la década de los 90, la estrategia inspirada por España para convertir a la democracia a la dictadura castrista, contó con el entusiasta respaldo de Carlos Salinas de Gortari, Cesar Gaviria y Carlos Andrés Pérez, presidentes de México, Colombia y Venezuela, respectivamente.
Pocos años después Castro se burló en público de todos ellos y esculpió en tinta y papel una cínica explicación: “A todos los escuché con la paciencia de Job y la sonrisa de La Gioconda”.
A Felipe González lo relegó al olvido; las reformas económicas propuestas por Solchaga las redujo a cenizas y terminó acusando a Solana de “traidor” y “genocida”.
El período presidencial de José María Aznar tuvo más de hiel que de miel, en sus relaciones con Cuba, pero tampoco los Populares estuvieron exentos de intentar esa audaz conversión. El abanderado de la diplomacia española de turno, Abel Matutes, quien de alguna manera estaba al parecer vinculado a intereses inversionistas en Cuba, hizo sus pininos en el gastado empeño de bautizar al castrismo con las aguas del Jordán democrático y de libre mercado.
Imagino que Pérez Roque tendrá muy presente que, aquellas aguas turbulentas, arrastraron a su antecesor Robaina y lo depositaron en el banquillo de los acusados.
Puestos a recordar la perniciosa obstinación del socialismo democrático español y su fallida insistencia para convertir, mansamente, a la dictadura en democracia; sería bueno señalar también quién rompió los platos por la parte cubana y quién pagó por ellos.
Nada más y nada menos que el propio Raúl Castro, tuvo a su cargo la presentación “del caso Robaina” ante un pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Sus imputaciones, acusando a Robaina de “deslealtad”, corrupción y de autopromocionarse como ‘candidato’ de la transición poscastrista se difundieron en un vídeo proyectado a los militantes del Partido.
Así lo contaba el diario español El País en su edición del 2 de agosto de 2002:
“Raúl Castro reprocha además a Robaina que ‘sobrepasó todos los límites’ en su relación con el ex ministro español de Asuntos Exteriores Abel Matutes. ‘¿Acaso tú recibiste un mensaje de Fidel para orientar a Matutes de cómo debía abordar el asunto de los grupúsculos contrarrevolucionarios? Tú aconsejaste a Matutes de cómo debía desenvolverse en este asunto con Fidel. ¿A quién informaste de eso? ¿Eso no es deslealtad? Se habla con el enemigo, Robaina, pero no se le dan consejos’, dice Raúl Castro en una parte del vídeo, que dura más de dos horas y recoge la reunión del IV pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el pasado 7 de mayo en La Habana”.
No sé, pero me da la impresión que el canciller Pérez Roque tiene pesadillas con el asunto.