Su Eminencia, Vladímir Mijáilovich Gundiaev, Kirill Metropolita de Smolensk y Kaliningrado, destacada figura de la Iglesia Ortodoxa rusa es un hombre privilegiado. Acaba de reunirse en La Habana con el dictador Fidel Castro. Se entrevistó con él personalmente, lo vio de cerca y lo escuchó hablar; algo que no ven ni escuchan hace ya mucho tiempo los cubanos. Por eso digo que es un privilegio, al que pocos tienen acceso.
Este año Castro sólo ha recibido a unos pocos dignatarios políticos, todos ellos muy cercanos en su amistad personal o en su ideología política. De esos encuentros apenas han sido publicadas un par de fotografías; pero su voz, quebrada por los años y las malesas, ya no se escucha. Por lo menos, sus conciudadanos, a quienes gobierna desde la penumbra de su cuarto de enfermo, no lo ven, ni lo escuchan.
Castro hubiera querido reunirse con el Patriarca Alexis II, jefe supremo del Patriarcado de Moscú, pero se lo impidió “la avanzada edad de su santidad”, como declaró un vocero de la embajada rusa en La Habana, citado por el diario Granma.
Gundiaev, es jefe del Departamento de Relaciones Internacionales del Patriarcado de Moscú, algo así como el ministro de Relaciones Exteriores de cualquier gobierno. Su visita a Cuba tuvo como objetivo inaugurar la Catedral de Nuestra Señora de Kazan, un imponente edifico blanco de dos pisos , con cinco cúpulas doradas en forma de bulbo, coronadas por la Santa Cruz ortodoxa. que ocupa un área de 1.200 metros cuadrados frente al mar al ma. Está ubicada a pocos metros del templo de San Nicolás, la primera catedral ortodoxa edificada en la Isla e inaugurada en 2004 por el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Griega, Bartolomeo.
Todo un anacronismo en el marco arquitectónico de La Habana Vieja.
La idea de construir este templo ortodoxo ruso, que compite ahora con el griego, parece que tuvo un origen dudoso. El vocero de la embajada rusa, citado por Granma, asegura que cuando Gundiaev visitó a Cuba en 2002 “propuso al entonces gobernante Fidel Castro la idea de construir el templo”.
Sin embargo Castro dice otra cosa en su columna titulada La Iglesia Ortodoxa Rusa, firmada el pasado 21 de octubre.
“Cuando la URSS se desintegró, el imperialismo no tuvo en esa iglesia un aliado. Por ello, cuando en el 2004 Su Eminencia Vladimir Mijáilovich Gundiaev, Kirill Metropolita de Smolensk y Kaliningrado, visitó nuestro
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