un socialismo democrático, que representa Lula, o mantenerse en la línea de la revolución subversiva e inestable que representa el “socialismo bolivariano” de Chávez.
La política está hecha también de símbolos y en este caso lo simbólico tiene una connotación real y pragmática.
Para el viejo dictador la opción es clara. Prefiere morir como ha vivido en las últimas décadas. Encerrado en la intransigencia, sin aperturas de ningún tipo, sin concesiones que pongan en peligro el poder absoluto con el que ha dirigido durante medio siglo los destinos de Cuba.
Más allá de las sonrisas, los encuentros privados y las fotos para las graderías, está claro que el presidente brasileño, Luis Inacio Lula Da Silva, y sus políticas socialdemócratas, no es la opción de Fidel Castro. Para decirlo con lenguaje claro: Fidel lo mastica pero no lo traga.
En más de una ocasión, sin mencionarlo por su nombre, Castro ha dirigido sus dardos contra Lula.
Esta semana lo volvió a hacer. En su columna de opinión titulada La reunión de Washington, señaló:
“Algunos de los gobiernos que nos apoyan, a juzgar por declaraciones recientes, no dejan de incluir en las mismas que lo hacen para facilitar la transición en Cuba. ¿Transición hacia dónde? Hacia el capitalismo, único sistema en el que religiosamente creen. Ni una sola palabra expresan para reconocer el mérito de un pueblo que, sometido a casi medio siglo de crueles sanciones económicas y agresiones, defendió una causa revolucionaria que, unida a su moral y patriotismo, le dio fuerzas para resistir”. […] “Le hacen guiños a Estados Unidos, soñando que los ayudará a resolver sus propios problemas económicos”.
¿A quien se refería Castro? A Lula, que días antes le había pedido al presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, que levantara el embargo económico a Cuba “para ayudar a la transición en la isla”.
Y luego, ni tardo ni perezoso, aprovechó la Cumbre del G-20 celebrada en Washington, para decir en su columna El parto de los montes:
“Bush se mostraba feliz con tener a Lula a su diestra en la cena del viernes. A Hu Jintao… lo sentó a su izquierda”.
No hay que ser muy agudo para comprender el sarcasmo.