Se veía venir. Cuando lo anunció La Habana hace unos días en Caracas se produjo un discreto revuelo de sorpresa con ribetes de resentimiento. Lo comenté en mi columna del pasado domingo: a Chávez no le haría mucha gracia que Raúl Castro escogiera a Brasil para estrenar su primera visita al exterior como jefe del gobierno cubano.
El martes el presidente venezolano hizo el anuncio: Raúl Castro viajará a Venezuela “en los próximos días”, antes de asistir a la cumbre de América Latina y el Caribe en Salvador de Bahía, Brasil.
Según el teniente coronel de paracaidistas, devenido en presidente de Venezuela; el general-presidente de Cuba , Raúl Castro, le había informado que no iba a visitar “ningún otro país” si antes no viajaba a Caracas.
Cuando los periodistas (extranjeros, por supuesto) le pidieron en La Habana una confirmación de esa visita al general-presidente, éste respondió con fingida sorpresa: “Chávez lo dijo, ¿cuándo lo dijo?, ¿cuándo hay que ir a Venezuela?, no sé nada, pero si lo dijo el sobrino hay que ir’’.
Todo parece indicar que el anuncio de Chávez fue “un anuncio por cuenta propia”. Algo así como, el salto al vacío de un paracaidista, sin paracaídas, pero seguro de encontrar al final un buen colchón.
En este caso el colchón de petrodólares venezolanos sobre el que ha descansado en los últimos años la dictadura castrista; pero, sobre todo, la bendición recibida del Máximo Líder, quien lo ha convertido en el heredero espiritual de la revolución latinoamericana.
Se veía venir que Chávez no iba a contentarse con ser plato de segunda mesa, a la hora de utilizar la carga simbólica de esa visita.
No es improbable que Chávez le pidiera ese “empujoncito” a su padre espiritual. En la respuesta del general-presidente hay una dosis de ironía y de sorna, que dejan espacio para esa especulación.
Colocado en esa disyuntiva, falta por ver ahora cómo el general-presidente resolverá “en los próximos días”, la hipotética “sugerencia” del hermano mayor.
¿Viajará a Caracas en exclusiva –quedando como un simple segundón- o será cuestión de una escala de cortesía antes de continuar viaje a Brasil, para salvar la cara?
Más allá del contexto anecdótico, en esta “crónica de una visita anunciada” hay un trasfondo político en el cual se debate el rumbo futuro de la sucesión castrista. La opción a largo plazo por un socialismo democrático, que representa Lula, o mantenerse en la
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