MIAMI.- El exilio cubano ha vivido los 50 años de la revolución cubana con la vista puesta constantemente en La Habana, a la espera de la hora final del castrismo y la recuperación de la democracia y la libertad en la isla caribeña.
En el cincuenta aniversario de la revolución, las voces del exilio coinciden en que los principios que la inspiraron, acabar con la dictadura de Fulgencio Batista y restaurar las libertades, fueron traicionados por el hombre que personificó esa lucha, Fidel Castro.
“Fidel Castro fue un traidor, engañó al pueblo cubano y a sus compañeros revolucionarios, tomó el camino de la dictadura comunista y colocó al país en la órbita soviética”, afirmó a Efe el periodista y escritor cubano en el exilio Carlos Alberto Montaner.
En ese sentido, Montaner, uno de los columnistas más influyentes en América Latina, precisó que el gran anhelo de los cubanos que apoyaban la revolución era, una vez que se terminase con la dictadura de Batista, “retomar el camino de la democracia”. Lo peor, según el presidente de la Unión Liberal Cubana, formada por exiliados y cubanos que viven la Isla, es la “desaparición de cualquier vestigio de libertad y la destrucción de la esperanza” en la isla, puso de relieve.
Así, tres generaciones sucesivas de cubanos “han aprendido la peor lección que puede sufrir una sociedad”: “la convicción de que, hagas lo que hagas, tu vida no va a mejorar”.
A la pregunta de qué une a los exiliados por encima del odio a Fidel Castro, respondió que, más que el odio al líder cubano, “nos une el dolor de lo compartido”, porque, aclaró, “no hay una familia cubana sin presos políticos, fusilados o balseros ahogados tratando de escapar”.
Jaime Schulicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-americanos de la Universidad de Miami (UM), coincidió en que sólo se puede juzgar los 50 años de la revolución cubana desde la perspectiva del “sufrimiento del pueblo y la división de la familia”.
Un triste legado, aseguró, que se acompaña de la “destrucción material de una sociedad en proceso de desarrollo en la década de 1950 y de los valores morales”.
Schlulicki y Montaner destacaron que durante estos cincuenta años de permanencia del castrismo, su resistencia a desaparecer, se debe al “control absoluto” que ejerce el régimen sobre “los medios, la educación y la familia”.
Se trata de un sistema totalitario, una “jaula perfecta”, cuyo aparato represivo es temido por el pueblo, añadió Schulicki, quien subrayó que los “cubanos esperan una transición real”, no una simple sucesión en el poder de Fidel Castor a su hermano Raúl.
Si la transición no se produce, vaticinó, “Cuba continuará hundiéndose económicamente” y se convertirá en el país “más pobre de la región”.
“En Cuba hay una tiranía que ha dividido a la nación, ejecutado a más de 40.000 personas y encarcelado a otras 250.000”, expresó Ramón Saúl Sánchez, director de Movimiento Democracia, uno de los principales grupos del exilio en Miami.
“Esa es la revolución cubana, ese es el expediente de la revolución cubana cincuenta años después, con el 20 por ciento de la población obligado a vivir en el exterior”, manifestó.
Sánchez explicó que, con el fin del imperio del derecho en Cuba, se inició el trágico éxodo de cubanos (cerca de dos millones hasta la fecha) que ha supuesto, en gran número de casos, la separación traumática de las familias.
Se mostró especialmente pesimista al valorar el momento actual en la isla y diagnosticó que en el país se constata una “paulatina desintegración que se manifiesta en el ‘escapismo’ y la descomposición anímica del cubano”.
Para Francisco “Pepe” Hernández, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), la gran tragedia es que “los cubanos no sentimos que Cuba nos pertenece, sentimos que le pertenece a quienes están completamente de acuerdo con la revolución”.
Cincuenta años de revolución han conseguido convertir al pueblo cubano “en un pueblo sin una conciencia de proyecto nacional que lo defina”, resaltó Hernández.
Esa es la realidad que vivimos los cubanos, subrayó, el convencimiento doloroso de que “nuestro futuro está fuera de Cuba, que las posibilidades de construir nuestro futuro están fuera de la isla”.