Publicado el 01-17-2009
Vivir del cuento
Por Pablo Alfonso
de la dictadura se ha insertado en el seno de la sociedad. Su savia circula a todos los niveles, se manifiesta con mayor intensidad en la cúpula del poder -de donde proviene-, pero alcanza desde funcionarios gubernamentales hasta al más desconocido de los opositores; pasando por intelectuales, académicos, deportistas, artistas, religiosos, trabajadores, amas de casa, y un largo etcétera.
Vivir del cuento se ha hecho para muchos cubanos, dentro y fuera de la isla, un estilo de vida, inoculado por cincuenta años de dependencia, de paternalismo estatal, de doble moral y de hacer como el avestruz, para no enfrentar la realidad.
Digo muchos cubanos, lo cual no incluye, por fortuna, a toda la sociedad. Pero la tendencia es preocupante, sobre todo en tiempos como estos; cuando ya es imposible seguir mirando al pasado, viviendo de historias.
El equipo de viejos cuentistas que integra “la dirección revolucionaria” y “su alternativa decadente” lo saben mejor que nadie. Para ellos no hay futuro y hasta que puedan, tratarán de iluminar el presente con los cuentos pasados.
El cuento paternalista de la dictadura tiene su meta: “Corresponde a la dirección histórica de la Revolución preparar a las nuevas generaciones para asumir la enorme responsabilidad de continuar adelante con el proceso revolucionario”, dijo Castro en su discurso del 1 de enero en Santiago de Cuba.
Cincuenta años de cuentos son suficientes. Ya es hora de organizar el funeral. ¡Y hay mucho que enterrar!
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