Héctor y Miriam Serrano, con sus hijos, Héctor, Esmeralda y Amber
Los más recientes sucesos de muertes de menores por accidentes automovilísticos que han enlutado la comunidad, merecen un momento de reflexión para las personas que tenemos sobre sí la responsabilidad de conducir un vehículo, e igual para las autoridades de la ley que sin dudas deben adoptar medidas de resultados mucho más eficaces para evitarnos lamentar esas pérdidas irreparables.
Poco más de dos semanas han trascurrido desde que la noticia del atropello y muerte de una adolescente de 11 años, nombrada Ashley Nicole Valdés, consternaba a las personas que indignadas no entendían como alguien después de haber provocado esta tragedia, continuaba transitando en las calles de la ciudad, hasta que resultó descubierto
Días antes, a instancias de una de nuestras lectoras, supimos del trastorno familiar provocado por otro conductor irresponsable que después de golpear y dejar mal heridas a Jessica, joven de 25 años con síndrome Down y su terapeuta Dominica Campos, huyó de la escena, sin dejar rastros. Ahora, sentimos el caso de la familia Serrano, que por minutos de irresponsabilidad de un indolente han perdido de golpe el sentido de todo, para siempre, ante la muerte de sus tres hijitos.
En las tres historias un denominador común hilvana el argumento para un llamado de atención: No resultan suficientes las exigencias que implican portar una licencia de conducir, cuando el cumplimiento de la ley es susceptible a un rango de relatividad que oscila entre el nivel de conciencia del chofer, la astucia que haya tenido para evadir señalamientos que impugnen su record de manejo y la presencia oportuna de un agente de la ley que prevenga las tragedias provocadas por los que juegan al peligro y la velocidad.
Nada más que pedir a Dios porque hechos como estos no se hagan historias comunes en nuestras calles, solidarizarnos con estas familias quebrantadas y enlutadas y confiar en que la justicia sea lo suficientemente oportuna y certera es todo lo que podemos esperar, mientras acompañamos a estas personas en su dolor.