No voy a referirme a la carrera profesional o política de la Excelentísima Presidenta de Chile, Michelle Bachelet.
La frase que da título a este comentario tiene que ver con otra carrera; quizás más sorprendente por cuanto se refiere a la actitud poco habitual de un o una Jefa de Estado, que rompiendo el protocolo y la agenda de su visita oficial, lo deja todo para correr al encuentro de Fidel Castro, obediente a su llamado.
De todas las informaciones que he leído y escuchado sobre el tema, el artículo publicado por el diario chileno El Mercurio, bajo la firma de su enviado especial a La Habana, Patricio Yébenes, es el que, me parece, ilustra mejor la carrera de Bachelet a la que hago referencia. Sus detalles son exquisitos:
“Encuentro”, compuesta por Víctor Jara, se llama la canción que escuchaba la Presidenta Bachelet en la casa memorial Salvador Allende, en La Habana, cuando se le acercó el director de Protocolo, Fernando Ayala, para avisarle que el Presidente Raúl Castro la esperaba para llevarla a reunirse con Fidel Castro.
Bachelet estaba sentada en primera fila entre el embajador chileno en Cuba, Gabriel Gaspar, y el director de la casa memorial, Carlos Ayres.
Al recibir la noticia, se sorprendió, dio sus excusas a Ayres y partió rápidamente detrás de Ayala y seguida por una de sus escoltas. Fue tal la emoción y la sorpresa, que Bachelet apuró el paso e incluso en instantes alcanzó a trotar. Abordó el auto en el que la esperaba Raúl Castro, y seguidos de un fuerte equipo de seguridad, dominado por miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, emprendió rumbo al sector nororiente de la isla, al reparto de Siboney.
En Siboney está una de las cinco casas por las que Fidel está transitando. Es un sector cercano a la playa y de tres grandes centros tecnológicos de salud; entre ellos, Cimex, el hospital donde se atiende Fidel. Allí residen embajadores, ejecutivos de empresas extranjeras y de importantes figuras cubanas, como los atletas Javier Sotomayor e Iván Pedroza, y del cantante Silvio Rodríguez.
No hay duda que entrevistarse con Fidel Castro se ha convertido para los jefes de Estado que visitan a Cuba, en algo así como un trofeo. No importan los acuerdos comerciales, las alianzas políticas, ni las ceremonias diplomáticas que se formalicen durante cualquier visita oficial. Si al final no culminan con una visita al mito revolucionario
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