/>
Sea cual fuere el papel que la diplomacia francesa quiera jugar en el diferendo cubano-estadounidense, las declaraciones de Lang, estuvieron matizadas de un cierto oportunismo político.
Sobre todo cuando recordó que fue bajo la presidencia francesa que los países de la Unión Europea suspendieron la medidas de restricción contra Cuba, impuestas a raíz del encarcelamiento en el 2003 de 75 opositores, de los cuales 55 todavía envejecen en las prisiones cubanas.
Fue bajo la presidencia francesa, es cierto, pero la iniciativa fue española, no francesa.
La otra razón para esta abrupta irrupción gala en la isla caribeña, según Lang, es la necesidad de que Francia esté más presenten que nunca en América Latina.
“Estoy muy feliz y muy honrado de haber cumplido esta misión, cuando
nuestro país está de vuelta en América Latina de donde durante demasiado tiempo
estuvimos alejados”, dijo Lang. “Por fin volvemos a encontrar el camino de nuestros aliados naturales, lingüísticos culturales e históricos”.
Confieso que hay algo que no entiendo muy bien en esta afirmación. ¿Se le olvidó al ex ministro de Cultura, que Francia, hace muchos años está enclavada en América Latina, sin que desde sus tiempos de Colonia imperial haya querido marcharse?
¿Se le olvidó a Monsieur Lang que, la Guyana Francesa, ubicada entre las fronteras de Brasil y Suriname, es parte integrante de Francia desde 1946 y que es una de las 26 regiones de ese país?
Quizás el objetivo real de Francia no es tanto “regresar” a América Latina. Es imposible “regresar” a un lugar donde ya se está, aunque sólo sea para mantener a cientos de kilómetros de sus costas un enclave regional, donde opera una estratégica base de la Agencia Espacial Europea, administrada por Arianespace, la empresa europea de desarrollo de cohetes.