reconocen partidos políticos, grupos de derechos humanos, sindicatos autónomos, ni prensa independiente. Ningún cubano puede tener una empresa privada, pero existen empresas estatales mixtas con capital extranjero.
Quizás son estos los cambios que alientan a los presidentes latinoamericanos, y a la Unión Europea, entre otros, a reconocer que existen serias oportunidades de apertura política en Cuba, bajo el liderazgo del general-presidente, Raúl Castro.
Pienso que algo de esto tiene que ser cierto. De lo contrario, confieso que estoy absoluta y totalmente confundido.
Quién sabe. La Unión Europea de seguro confía en la buena voluntad del general Raúl. Si no fuera así, cómo explicar la presencia en La Habana, del Comisario Louis Michel al frente de una nutrida delegación, para celebrar la profundización del diálogo político con el régimen.
Una visita que, además, se produce precisamente en el marco del sexto aniversario del arresto de los 75. Porque, hay que recordar que seis años atrás la Unión Europea protestó con energía por esas condenas y si ahora mantuvo silencio en la fecha y envió a uno de sus comisarios a La Habana, debe ser porque sus políticos y analistas intuyen cambios políticos que otros, menos astutos, no vemos.
Pienso que a los presidentes de nuestra región, que han desfilado ordenadamente por La Habana en las últimas semanas les sucede lo mismo. Han sido iluminados por el resplandor de los cambios en la isla.
Si faltaba alguna muestra de esa iluminación, el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, acaba de proporcionarla cuando anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, precisamente el 18 de marzo, justo en el sexto aniversario de la Primavera Negra.
El presidente Arias tiene bien ganado el título de Premio Nobel de la Paz. Acaba de demostrar que es una persona que está por encima de cualquier ofensa. Hace apenas dos años Arias criticaba al régimen cubano, comparándolo con la dictadura de Pinochet en Chile. Granma, por su parte, calificaba a Arias de “servil papagayo”, “payaso oportunista” y “vulgar mercenario” de Estados Unidos, entre otros adjetivos.
“Ha llegado la hora… debemos ser capaces de ajustarnos a las nuevas realidades”, dijo Arias al anunciar su decisión.
No hay dudas, confieso que me estoy perdiendo algo; después de más de 25 años de reportar día a día la situación cubana, no veo por ninguna parte esos cambios prometedores que otros ven en el liderazgo del general presidente.