Esta semana se conmemora el sexto aniversario de la Primavera Negra. Así bautizó la oposición cubana aquella arremetida represiva de la dictadura, que comenzó el 18 de marzo de 2003 y concluyó tres días después, con un saldo de 75 opositores y periodistas independientes arrestados en toda la isla y más tarde condenados a largas penas de prisión.
El operativo de seguridad coincidió con el fragor de la guerra que se iniciaba en Iraq, pero la opinión pública internacional y los gobiernos democráticos encontraron tiempo para mirar hacia Cuba y condenar la injustificada acción de la dictadura castrista.
Este aniversario se conmemora en un contexto diferente. Desde hace algunos meses se multiplican las voces empeñadas en demostrar que la Cuba de hoy es diferente; que el régimen ha cambiado en estos seis años, que la dictadura muestra señales de flexibilidad política. En consecuencia – afirman-, hay que ofrecerle la mano a la dictadura, tenderle un puente de buena voluntad, ayudarla a cruzarlo para conducirla al camino redentor de las libertades políticas y los derechos ciudadanos universalmente reconocidos por el mundo civilizado.
Sobran ejemplos de declaraciones y sesudos análisis al respecto.
Es cierto que en seis años se han producido cambios. Un brevísimo resumen muestra que de los 75 encarcelados entonces, quedan 54…y otros 200 prisioneros políticos más. Se puede comprar libremente un teléfono celular y una computadora, aunque no el servicio de Internet. Los huracanes se llevaron medio millón de viviendas y produjeron 10,000 millones de dólares en pérdidas. Las pensiones y salarios aumentaron, pero los precios lo hicieron mucho más. Se cerraron los mercados agropecuarios de oferta y demanda.
Fidel Castro enfermó y su hermano, el general Raúl, es el nuevo presidente del Consejo de Estado; su segundo al mando es Machado Ventura. Desde hace unos días el canciller ya no se llama Pérez Roque sino Rodríguez Parrilla y Carlos Lage no es vicepresidente ni Secretario del Consejo de Ministros; ese cargo lo ocupa ahora el general de brigada José Amado Ricardo Guerra.
El Partido Comunista sigue siendo por voluntad constitucional la fuerza rectora del Estado y la sociedad; y el modelo político socialista, irrevocable.
La dictadura anunció el reconocimiento de los Pactos de Naciones Unidas sobre Derechos Sociales, Económicos, Civiles y Políticos, y quizás -como todavía no los ha ratificado-, el hostigamiento a los grupos opositores sigue siendo el mismo; no se reconocen partidos políticos, grupos de derechos humanos, sindicatos autónomos, ni prensa independiente. Ningún cubano puede tener una empresa privada, pero existen empresas estatales mixtas con capital extranjero.
Quizás son estos los cambios que alientan a los presidentes latinoamericanos, y a la Unión Europea, entre otros, a reconocer que existen serias oportunidades de apertura política en Cuba, bajo el liderazgo del general-presidente, Raúl Castro.
Pienso que algo de esto tiene que ser cierto. De lo contrario, confieso que estoy absoluta y totalmente confundido.
Quién sabe. La Unión Europea de seguro confía en la buena voluntad del general Raúl. Si no fuera así, cómo explicar la presencia en La Habana, del Comisario Louis Michel al frente de una nutrida delegación, para celebrar la profundización del diálogo político con el régimen.
Una visita que, además, se produce precisamente en el marco del sexto aniversario del arresto de los 75. Porque, hay que recordar que seis años atrás la Unión Europea protestó con energía por esas condenas y si ahora mantuvo silencio en la fecha y envió a uno de sus comisarios a La Habana, debe ser porque sus políticos y analistas intuyen cambios políticos que otros, menos astutos, no vemos.
Pienso que a los presidentes de nuestra región, que han desfilado ordenadamente por La Habana en las últimas semanas les sucede lo mismo. Han sido iluminados por el resplandor de los cambios en la isla.
Si faltaba alguna muestra de esa iluminación, el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, acaba de proporcionarla cuando anunció el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, precisamente el 18 de marzo, justo en el sexto aniversario de la Primavera Negra.
El presidente Arias tiene bien ganado el título de Premio Nobel de la Paz. Acaba de demostrar que es una persona que está por encima de cualquier ofensa. Hace apenas dos años Arias criticaba al régimen cubano, comparándolo con la dictadura de Pinochet en Chile. Granma, por su parte, calificaba a Arias de “servil papagayo”, “payaso oportunista” y “vulgar mercenario” de Estados Unidos, entre otros adjetivos.
“Ha llegado la hora… debemos ser capaces de ajustarnos a las nuevas realidades”, dijo Arias al anunciar su decisión.
No hay dudas, confieso que me estoy perdiendo algo; después de más de 25 años de reportar día a día la situación cubana, no veo por ninguna parte esos cambios prometedores que otros ven en el liderazgo del general presidente.