El éxito y la fama ganada durante más de veinte años de carrera artística, no han desviado la atención de Ricardo Montaner, hacia los seres con quien se siente identificado de una manera muy especial.
Con la lírica de sus canciones y su melodiosa voz ha recreado el amor de manera particular, pero lo más sublime del sentimiento lo ha concretado en su entrega sin condiciones a los niños. Primero en diversos países de Latinoamérica, respaldando campañas de vacunación y distribución de alimentos entre menores pobres o huérfanos, a través de la fundación Hijos del Sol.
Desde hace tres años, en el sur de Florida, en una finca de Homestead la ventana por la que Montaner y su esposa Marlene miran al cielo, quedó abierta bajo una organización, creada para ofrecer cuidados y toda la comprensión posible a niños con autismo, síndrome down, parálisis cerebral y otras necesidades especiales.
Lo admirable de los resultados en este esfuerzo son los testimonios que gracias a la aplicación de terapias novedosas están ahí como ejemplo práctico de lo que pudiera haber sido interpretado como el sueño de un artista.
¿Cómo surgió el proyecto Ventana de los Cielos?
Ricardo y Marlene adquirieron esta propiedad, situada a las afueras del área metropolitana de Miami, ubicaron nidos en forma de casitas en las ramas de los árboles, cercaron parcelas para la crianza de conejos. Trajeron gallinas, patos, vacas, caballos, ovejas y llamas, como las que deambulan en las montañas andinas del Sur de América, y utilizaron la bondad y nobleza de estos animales que entrenados se ofrecen como mejores amigos para entregar a estos niños especiales todo el afecto que necesitan.
A la terapia con animales, añadieron la música, el dibujo, jugar dentro del agua en una laguna que brota de un manantial y así, todo ha ido tomando la dimensión de la fantasía a la que se han unido otros artistas y personal voluntario en general, entusiasmados por la bondad de Ricardo, su mujer e hijos “porque toda la familia está involucrada” como expresara en un reciente evento con fines de recaudación, Héctor Eduardo, el segundo de los cinco hijos.
“Igual que el arte en la familia se ha hecho tradición, en esta fundación benéfica todos participamos no sólo para favorecer a los niños, sino también para concienciar a la gente de que esta es una labor necesaria, porque el mundo es mucho más de lo que ves a tu alrededor, más ahora que con el pretexto de la crisis económica hay quienes se han olvidado de ayudar a otros”.
“Los cambios que podemos apreciar en cada niño, además de favorecerlos, también nos beneficia porque nos trae mucha alegría”.
Marlene, a quien Ricardo y sus hijos consideran el alma de la fundación asegura que la motivación de ellos hacia los niños “fue un deseo que Dios tenía en su corazón y lo depositó en el nuestro”.
Por ella supimos que las clases de arte se imparten los sábados. “Muchos amigos artistas nos visitan y de forma voluntaria nos han hecho el favor de enseñar a los niños a pintar. El tema que han recreado en general, es el amor”.
Por eso, el resultado que pudimos apreciar en la subasta silente de dibujos realizada en el jardín Enea del Distrito del Diseño en Miami, durante un evento benéfico de la organización fue una colección de corazones multicolor, mostrando el ánimo de estos niños por el cariño que reciben en la Ventana de los Cielos.
Nelly Hoyo visita la finca cada semana. Sus motivos son bien especiales, cuando nació su sobrino Juan Sebastián hace seis años y fue diagnosticado con autismo, a pedido de su hermana Lidia, ella tomó participación en la educación del niño y por él llegó a desarrollar esta habilidad que hasta el momento desconocía.
Para la madre el cambio del niño en la fundación ha sido notable “principalmente en el aspecto de relacionarse con otros, también el tiempo que permanece concentrado en una actividad específica. Ha desarrollado el lenguaje. Lo que más disfruta es el trato con los animales, montar a caballo y la música que es su preferida”.
“Lo beneficioso para niños con necesidades especiales es la constancia en los tratamientos que se aplican. Esta ayuda no hay cómo agradecerla”.
El artista de artes plásticas Manuel Nogueira, Mano, estuvo presente durante esa noche. De la serie Blood Lines (líneas de sangre) donó a Ventana de los Cielos el primer prototipo, titulado The twien, para que fuese subastado a beneficio de esas labores. “Son piezas trabajadas en óleo sobre tela en la que puede verse reflejada cualquier familia. Con esta colección quiero demostrar que todos estamos relacionados entre sí. Mi aporte a la fundación es apenas algo de lo que debe hacerse por esos niños que son seres especiales”.
Ricardo Montaner aseguró sentirse emocionado, “además de por las innumerables capacidades que han sido descubiertas en estos niños, por la felicidad reflejada en el rostro de cada padre ante esos progresos”.
El deseo expreso de Marlene Rodríguez es “poder extender los brazos de Ventana de los Cielos hacia toda Latinoamérica, para que otros niños necesitados reciban la misma ayuda”.