de octubre del 2000, el gobierno cubano aprobó el Decreto Ley 213, que impuso, como represalia a la confiscación de sus fondos, un impuesto del 10% a las llamadas a Cuba, originadas directamente desde Estados Unidos o a través de terceros países. El artículo 10 dice que: “El impuesto establecido en este Decreto-Ley estará vigente hasta la devolución total de los fondos cubanos ilegítimamente congelados en Estados Unidos con los intereses correspondientes”. El gobierno estadounidense prohibió a las empresas de telecomunicaciones pagar el impuesto. Cuba cortó las comunicaciones directas con Estados Unidos el 15 de diciembre de ese mismo año.
Así están las cosas. Las llamadas telefónicas a Cuba desde Estados Unidos se canalizan a través de terceros países. ETECSA mantiene el impuesto y recibe su parte. Según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, ETECSA recibió en el 2006, unos $102 millones de dólares por concepto de servicios telefónicos de las empresas norteamericanas. La lista la encabezan Sprint/Nextel, AT & T y Verizon. Son los datos disponibles más recientes.
Los cubanos pagan la tarifa telefónica más alta del mundo. Una muestra elocuente de usura capitalista y monopólica: la tarifa para llamar a Estados Unidos desde Cuba, es de $1.80 dólares por minuto más un impuesto de $0.245 por minuto. Solo el 8 por ciento de las llamadas telefónicas entre los dos países se originan en Cuba, el 92 por ciento restante proviene de los cubanoamericanos que pagan hasta un máximo de $1.20 por minuto.
El tema es un buen punto en cualquier agenda de discusión. En particular para aquellos preocupados en favorecer los intereses de la llamada “comunidad emigrada” en Estados Unidos.
En cuanto a la posibilidad de que servicios de radio y televisión estadounidense brinden servicio a potenciales clientes en Cuba, no hay mucho que decir. Creo que el presidente Barack Obama hizo lo correcto. Eliminar esa prohibición. Sin embargo no tengo ninguna duda que la prohibición seguirá en efecto, por parte del gobierno cubano.
¿Imaginan ustedes a un cubano de a pie, con servicio de televisión satelital pagado por su familiar emigrado, disfrutando de una programación comercial capitalista procedente de Estados Unidos?
Yo confieso que no tengo tanta imaginación. Mi optimismo no llega hasta ahí. Por lo menos mientras la dinastía de los Castro gobierne en Cuba.