dispuesto a discutirlo “todo, todo, todo con Estados Unidos, en igualdad de condiciones”.
Un día después, al inaugurar la Cumbre de las Américas en Trinidad Tobago, el presidente Obama, aceptó el reto y pidió a La Habana algunos “gestos” para avanzar en la normalización de relaciones. Estados Unidos sugirió liberar a los presos políticos y/o eliminar los recargos impuestos al dólar para que las familias cubanas aprovecharan más el dinero enviado por sus parientes.
Fidel Castro volvió a terciar en el asunto. En su Reflexión del 23 de abril dijo que Obama “malinterpretó” a su hermano. Castro añadió un nuevo elemento al cuento: liberar a los disidentes encarcelados a cambio de los cinco espías del gobierno cubano que cumplen condena en Estados Unidos.
Washington ha continuado pidiendo “gestos” a La Habana para avanzar en el camino de la normalización de relaciones entre los dos países.
“Cuba no ha impuesto sanción alguna contra Estados Unidos ni contra sus ciudadanos (…) No es Cuba la que tiene que hacer gestos”, respondió el general- presidente en el discurso de apertura de una reunión del Movimiento de Países No Alineados el 29 de abril en La Habana.
El cuento con la OEA es todavía más aburrido. Todo se reduce a querer que Cuba regrese a una organización que el castrismo rechaza. Una especie de: ¡que vuelvas! Y ¡que no quiero!
Todo muy semejante al cuento de la Buena Pipa. ¿No le parece?