Entre los cuentos con que mis padres y abuelos solían entretener mi infancia; hay uno que conservo en la memoria con especial frustración. Es el único, por fortuna. Todos los demás los resguardo del olvido con amor y nostalgia. Se trata del cuento de la Buena Pipa.
A diferencia de los inefables elefantes que se balanceaban sobre la tela de una araña, acumulando paquidermos hasta el infinito, el cuento de la Buena Pipa es una trampa dentro de un circuito cerrado.
Hoy diríamos en lenguaje cibernético que es un loop; algo semejante a esos mensajes que aparecen de repente en la pantalla de nuestra computadora, los pops up, que se tornan odiosos porque no conducen a ninguna parte y en el mejor de los casos, nos llevan de regreso al punto de partida.
¿Quieres que te cuente el cuento de la buena pipa?
¡Por favor no diga nada! Cualquier decisión que se le ocurra nos puede llevar a un encadenamiento absurdo de preguntas y respuestas, hasta nunca acabar.
El cuento de la Buena Pipa resucitó de mis recuerdos en días pasados cuando analizaba, los dimes y diretes -de ayer y de hoy-, entre la Unión Europea y Cuba; y los últimos gestos y contra gestos de Estados Unidos y Cuba; incluidas las visitas solidarias y de buena voluntad a Cuba de los presidentes y personalidades políticas de América Latina.
El loop más reciente de este cuento se produjo el lunes 11 de mayo cuando el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, se reunió en Bruselas con la troika de la Comisión Europea, el Comisario de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel y el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Javier Solana. Parte y parte debatieron sobre las relaciones bilaterales.
La UE espera aperturas políticas en Cuba y La Habana responde pidiendo la suspensión de la Posición Común adoptada por la UE en 1996 cuyo objetivo es “fomentar un proceso de transición pacífica hacia la democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales” en la isla.
El Comisario Michel se emociona y asegura ver signos positivos en ese sentido. El canciller Rodríguez afirma que no hay nada que cambiar y subraya que el régimen respeta los derechos humanos y que Cuba no tiene presos políticos.
No es nada nuevo. Revisemos los archivos.
Hace cinco años, el 21 de octubre de 2004 para ser
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