La compasión y la voluntad de servir a nuestros semejantes en nada tienen que ver con el principio filosófico que nos asemeje o la formación religiosa que nos diferencie.
Hasta en los grupos familiares más unidos se aprecia la diversidad y es precisamente de los rasgos con los que se distingue cada individuo, que nos enriquecemos.
De orígenes diferentes y con un ejercicio de fe que identifica credos aparentemente opuestos, cuatro jóvenes ingresaron al ejército para servir a la nación estadounidense, en los días aciagos que vivió la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial.
Después de haber tomado esta decisión por separado, coincidieron por primera vez en la Escuela de Capellanes que los prepararía para desempeñarse desde esta posición, y en así quedó sellada la increíble amistad que unió hasta el final de la vida al sacerdote católico John Washington, al ministro metodista George L. Fox, al rabino Alexander Goode y al reverendo Clark Poling, holandés reformado.
La acción que protagonizaron y que inmortalizó sus memorias, se recuerda hoy como la Historia de los cuatro capellanes que en muchos sitios se trae a colación, de manera oportuna para recordar la necesidad de que todos seamos tenidos en cuenta.
Los cuatro jóvenes formaban parte de los más de novecientos tripulantes que con destino a las zonas inhóspitas del mar Ártico zarparon en el Dorchester, hasta entonces empleado como una lujosa embarcación de paseo.
Según narra la historia, el Dorchester salió escoltado por tres buques de la guardia costera norteamericana. Sin embargo, nunca dejó de ser un punto de interés para los submarinos que operaban del lado de las tropas alemanas enemigas y a solo unas cien millas del lugar a donde había sido destinado, el torpedo disparado desde uno de los submarinos alemanes, provocó que se hundiera en las aguas del Atlántico, un dos de febrero de 1943.
Mientras la tragedia tenia lugar, según ha trascendido del recuerdo de los sobrevivientes, los cuatro hombres de fe se dirigieron a la cubierta del buque y apoyando al resto con sus consejos, les conminaron a abandonar el barco mientras distribuían botes y chalecos salvavidas, hasta que decidieron entregar los suyos y perecer orando, cada uno desde su tradición, implorando por la salvación del resto.
A más de seis décadas de haber sucedido este acto de amor, en fecha reciente, el Templo Judea, ubicado en la ciudad de Coral Gables fue sede de un momento de recordación y homenaje a los Cuatro Capellanes, organizado por asociaciones de veteranos de guerras e instituciones religiosas y comunitarias que lograron una velada de indescriptible confraternidad.
Un llamado a dejarnos llevar por el poder de la gentileza y la bondad, fue realizado por el padre Patric O’ Neill, de la Arquidiócesis de Miami; recordar que todas nuestras naciones tienen como objetivo de fe, encontrase con Dios, fue el mensaje del rabino Edwin Goldberg, en una invocación que dirigió a la audiencia; el comandante Steve Liebowitz, en sus palabras de bienvenida, aseguraba que siguiendo cada uno sus tradiciones, se puede llegar a Dios; Lama Karma Chotso, hizo votos por el sacrifico propio en beneficio de la vida de otros, como recurso para alcanzar la felicidad; el Dr. Nasir Ahmad, aseveraba que la paz del mundo es el objetivo principal y finalmente el Dr. Ram Agarwal reiteró como base del hinduismo, el respeto que abre paso a la felicidad.
En un instructivo y fraternal encuentro interreligioso en el que estuvieron presentes representaciones católicas, judías, musulmanas, budistas e hindúes, se evocó la memoria de los cuatro hombres que con su actuar sentaron un legado de ser consecuentes con la fe, respetando entre todos, la diversidad.