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Aura y sus hijas se unen en oración. Fotos Giselle Santalucci

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Publicado el 05-29-2009

¡No me dejes solo! Un clamor que nos pone a prueba

Por Sergio Boffelli
Diario Las Américas


Si usted puede leer estás líneas seguramente significa que pertenece al 62 por ciento de hispanos que vivimos en la Capital del Sol, a menos que haya aprendido español como idioma adicional. Y lo más probable es que también forme parte del 50,9 por ciento de los 2 millones 400.000 residentes del condado que nacimos fuera de Estados Unidos.

Esta característica especial, unida a otras etnias y costumbres, hace de Miami-Dade la excitante mezcla multicultural que orgullosamente ofrecemos al mundo.

Para llegar a esto, claro está, hemos recorrido con paciencia un camino difícil.

Un día, o noche, usted arribó a estas tierras cargado de sueños y esperanzas. Hoy, espero, puede valorar lo que ha logrado, porque somos gente valiente y trabajadora, y cuando nos brindan oportunidades las sabemos aprovechar.

Si usted pudiera contarme sus experiencias, empezaríamos su relato desde el inicio, haciendo memoria de cuándo y porqué decidió emigrar, de cómo enfrentó las incertidumbres de un océano infiltrado de tiburones, o los terribles peligros en un viaje por fronteras terrestres, o lo que pasaba por su mente al aterrizar aquél avión.

Hoy los hispanos de Miami-Dade ocupan posiciones políticas envidiables, lideran exitosas corporaciones, y se destacan en las artes y las ciencias. Sabemos que a pesar de la crisis actual, venceremos y saldremos adelante. Nosotros conocemos de primera mano lo que es luchar pulgada a pulgada por nuestra libertad y lo que más deseamos.

Sin embargo, usted recordará, el inicio no fue fácil. Pero apostaría que en esta, su vida, surgió alguna persona, o varias, que en el momento oportuno le brindaron la mano solidaria, y usted no lo olvida, porque llegó cuando más la necesitaba.

La gratitud y la generosidad son también rasgos del carácter de los hispanos. Lo hemos demostrado con innumerables causas, sin reparar en razas ni nacionalidades. Y no digamos cuando se trata de los nuestros, cuando nos ofrecen la oportunidad de ayudarles. Pero… ¡cuánto más valiosa la ocasión si quienes nos necesitan son niños y niñas inocentes! Son ellos los que hoy nos claman “¡no me dejes solo!”.

¿Cuál es el problema?

La pregunta obligada es ¿cuál es el problema de estos niños? En resumen, que uno o ambos padres ingresaron sin permiso a Estados Unidos, algunos hace más de 20 años. Trabajaron, y con el tiempo tuvieron hijos, que son ciudadanos norteamericanos.

Las familias progresaron, muchos compraron casas o crearon negocios, y ninguno de los registrados por American Fraternity tiene antecedentes criminales. Sin embargo, los padres, por descuido, falta de conocimiento o malos abogados, no regularizaron su situación migratoria, y las políticas actuales han provocado que uno o ambos sean capturados, a veces delante de sus propios hijos, y poco tiempo después deportados.

Los niños enfrentan entonces dos opciones: o se marchan con sus padres a padecer miserias en países sin oportunidades, o quedan bajo el cuido de familiares o amigos. En ambos casos los abogados y activistas comunitarios consideran que a los niños se les violan sus derechos civiles al separarlos de sus familias, arrancarlos de la seguridad de su ambiente, creándoles daños emocionales y sicológicos.

Como el padre es generalmente el mayor sostén del hogar, los que se quedan caen irremediablemente en la pobreza. Los casos abarcan distintas nacionalidades, y es un fenómeno social que ya genera presión en varios estados.

Siendo ciudadanos norteamericanos, hoy han quedado sin uno o ambos padres, viven hacinados, carecen de alimentos, medicinas, afectaciones emocionales, sus grados en los colegios han descendido, y les falta hasta ropa.

Como el gobierno federal demora una solución prudente, y las autoridades de migración continúan cumpliendo sus políticas, la comunidad solidaria sale al rescate de los niños.

Este drama se convierte en un dilema donde la moral y el respeto a los derechos humanos, parecen quedar en entredicho.



Los hispanos se unen por una causa justa






La campaña de solidaridad “No me dejes solo…” es una iniciativa que se inició en la comunidad por parte de personalidades de los medios y del sector político, con la cual se pretende coordinar esfuerzos para apoyar moral y materialmente a las personas afectadas por las acciones de deportación que están separando y quebrantando familias.





Gilberto Reyes y Miguel González, integrantes del conocido dúo Los Fonomemecos expresaron sus opiniones al respecto. Reyes opinó que “en Estados Unidos todos somos inmigrantes, y que la ventaja de muchos es que llegaron en otros tiempos cuando no existían las actuales políticas migratorias”. Nosotros somos del pueblo, parte de la gente, y si podemos ser la voz de ellos, nos unimos a esta causa. Es horrible lo que pasan estos niños. Cuando empecé a escuchar sus historias, me quedé muerto”, dijo.





Para González, solamente involucrándose se pueden cambiar las cosas. “Que la comunidad nuestra venga con todo lo que puedan donar. Aquellos que son padres, que se imaginen si los deportaran a ellos y quedaran sus niños solos… Tomemos conciencia de esto, y apoyemos”, comentó.





Centros de ayuda




La ayuda que su corazón le dicte, puede llevarla directamente a las oficinas de American Fraternity, en la 10364 SW y la calle West Flagler, en Sweetwater, de lunes a viernes entre 9 a.m. y 4 p.m. Si desea puede donar efectivo depositando en la cuenta especial del Wachovia Bank, No. 2676704192002. Las donaciones son deducibles de impuestos. Para detalles contacte a las oficinas de la organización, llamando al 305-228-1208.




Las estaciones de bomberos de la ciudad de Hialeah situadas en las siguientes direcciones también están disponibles para colectar ayuda: 93 y East 5 calle; 4200 East y 8 avenida; 800 West y 49 calle; 251 East y 12 avenida; 1197 West y 74 calle; 780 West y 25 calle; 7590 West y 24 avenida; 5405 West y 18 avenida.





En Sweetwater, Hialeah Gardens y Virginia Gardens también están recibiendo contribuciones. En cualquier parte que usted haga donaciones, tiene el derecho de solicitar recibo por lo que entrega.



Lo han perdido todo




“Se me ha derrumbado la vida”, dijo Aura





Aunque una sola organización reporta más de 400 niñas y niños norteamericanos en angustiosa situación en Miami-Dade, la cantidad real se estima en varios cientos más, de nacionalidades diversas.




Un solo ejemplo puede bastar. Es el caso de Aura Guerra y sus hijas Ashley y Michelle, que lo han perdido todo: esposo, padre, casa, trabajo, vehículo, y hasta los muebles.




Hoy las tres viven en casa de familiares, con seis personas más. Las tres duermen en la misma cama, que era de una de las niñas cuando estaban en mejores tiempos.






Lo sorprendente de todo es que Aura es ciudadana estadounidense. Conoció a Carlos Armando Guerra, originario de la Estanzuela, de Guatemala. Se casaron en el año 1995. En el 2003 ella se hizo ciudadana, y había reclamado a Carlos. Estaban a la espera de una cita para que él recibiera la residencia.




Los acontecimientos, sin embargo, fueron distintos. Una tarde de marzo del año pasado fue sorpresivamente capturado ante la mirada de su esposa e hijas.





Oficiales de migración llegaron a su vivienda. Golpearon a la puerta y preguntaron por Carlos. Sin mostrar orden para ingresar, entraron a la casa y se lo llevaron.





Volviendo a vivir aquellos momentos, Aura dijo que a ella los oficiales le pidieron identificación, y cuando mostró su pasaporte estadounidense uno de ellos le dijo “la felicito, señora, por ser ciudadana americana”. Ella le contestó, “¿por qué me felicita, si le está quitando el padre a mis hijas, y a mí, mi esposo?”. De acuerdo a Aura, el oficial respondió “estas son las cosas que odio de mi trabajo”. Y se llevaron a Carlos.




Hablar de esa tarde con Aura y sus hijas, es difícil. Las lágrimas llegan sin previo aviso a través de cualquiera de ellas. Para estas mujeres el golpe ha sido terrible.




En Miami-Dade Carlos empezó trabajando de ayudante de carpintero y aprendió el oficio. Al ser capturado era supervisor de construcción. La empresa para la que trabajó 11 años, le había costeado cursos en Broward para aprender a leer los planos.





La vida de los Guerra parecía promisoria. Compraron casa, vehículos, las hijas eran excelentes estudiantes… Hasta esa triste tarde. Desde entonces, por falta de pagos, perdieron la casa, Aura tuvo que vender sus vehículos y muebles para sobrevivir. Las niñas empezaron a mostrar su angustia, y bajaron su rendimiento académico.




“Carlos es un hombre trabajador, maravilloso. Ni con una lupa encontraría uno como él. Me dio mi lugar y siempre me respetó. Después de mi padre, es al hombre que más admiro”, expresó Aura.




Capturado y detenido en Pompano, fue deportado en dos semanas. A las hijas, según relata Aura, no les permitieron verlo. Ella lo vio una vez, y cuenta que dijo estar desesperado, “me estoy volviendo loco, pero no me quiero ir”, recordó.




A Aura y sus hijas los familiares les ayudan en lo que pueden. “Me duele haber perdido lo material. Pero me duele más haber perdido a mi esposo, ver mis hijas cómo sufren, y que él también sufre”, dijo entre sollozos.




Para Ashley, si estuviera ante los oficiales de migración, les diría”que me devuelvan a mi papá. Ustedes son malos”. Michelle dijo que también hay que “pensar en las otras gentes que pasan lo mismo que yo”.





Aura llegó a Estados Unidos a los 10 años, en 1989, de la mano de sus padres. Dijo que cuando pasaron la frontera los oficiales de migración detuvieron a los que habían ingresado primero, pero que un oficial de migración dijo que pasaran también los que estaban del lado mejicano, “para que la familia no se dividiera”. Los tiempos, sin duda, han cambiado. El dolor que se genera parece brotar sin control, y nadie lo detiene.

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