a colaborar con el gobierno de Obama para pasar una página en las relaciones con el mundo musulmán. El primer paso es el de hacer un esfuerzo concertado para que estén mejor informados sobre las sociedades multiformes que componen la población musulmana, de mil millones de personas, en todo el mundo.
El poder de la cultura estriba en su capacidad para transformar las apreciaciones. Entre el 5 y el 14 de junio, los neoyorquinos están conociendo la rica diversidad de las culturas musulmanas gracias a una iniciativa a escala de la ciudad, titulada “Voces musulmanas; artes e ideas”. Más de 300 artistas, escritores, intérpretes y eruditos de más de 25 países, incluidos los EE.UU., se van a reunir en ese festival y esa conferencia sin precedentes.
Entre las exposiciones figura una impresionante variedad de formas artísticas procedentes del mundo musulmán, desde las tradicionales (caligrafía, voces devocionales sufíes) hasta las contemporáneas (instalaciones de vídeo, teatro indonesio de vanguardia y hip-hop árabe). Una conferencia política concomitante ha atraído a eruditos y artistas de todo el mundo que estudiarán la relación entre la práctica cultural y la política pública y propondrán nuevas orientaciones para la diplomacia cultural. Un objetivo fundamental de ese proyecto es el de contribuir a acabar con los estereotipos y crear una comprensión más matizada de las sociedades musulmanas.
Pese a nuestro entusiasmo por lo que esta iniciativa puede hacer para intensificar la comprensión, una performance, una película o una exposición de arte no pueden encontrar soluciones para todos los problemas que dividen a los americanos y al mundo musulmán. La distancia actual se debe tanto a la ignorancia como a las cuestiones políticas difíciles, muchas de las cuales superan el ámbito que pueden abordar de forma realista las artes y la cultura.
Sin embargo, la diplomacia cultural e iniciativas como “Voces musulmanas” pueden abrir la puerta a la realidad del mundo musulmán como espacio profuso para la producción artística de categoría mundial, lo que, a su vez, puede fomentar el interés por abordar las cuestiones políticas más difíciles con respeto y sentido de la equidad. Durante demasiado tiempo, no se han formulado las diferencias entre los EE.UU. y el mundo musulmán desde el punto de vista de la diversidad, sino como fundamentos de un conflicto mundial permanente, pero, cuando las personas participen en una experiencia estética que aborda y al tiempo transciende una cultura determinada, las apreciaciones han de cambiar por fuerza.
Los Estados Unidos han llegado a un momento decisivo en su historia nacional y mundial, con nuevas esperanzas para un intercambio intercultural, un diálogo y un entendimiento mutuo. El Presidente Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton dicen que la suya va a ser una época de “poder inteligente” que recurrirá eficazmente a todos los instrumentos diplomáticos de que disponen, incluida la diplomacia cultural.
Los Estados Unidos deben centrar su atención una vez más en las artes como una forma profunda de fomentar un compromiso cultural más intenso y, en última instancia, de encontrar nuevos cauces de comunicación con el mundo musulmán. Hacerlo servirá para mostrar que no tienen por qué definirse las relaciones mediante el conflicto político. Más bien, ahora existe una oportunidad de determinar las conexiones entre los Estados Unidos y el mundo musulmán compartiendo la riqueza y la complejidad de las expresiones artísticas musulmanas como paso decisivo con vistas a encontrar bases para el respeto mutuo.
Vishakha N. Desai es presidenta de la Asia Society. Karen Brooks Hopkins es presidenta de la Academia de Música de Brooklyn. Mustapha Tlili es fundador y director del Centro para los Diálogos: Mundo islámico-EE.UU.-Occidente en la Universidad de Nueva York. Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.org Traducido del inglés por Carlos Manzano.