patente de corso como jefe del Departamento MC del MININT, para realizar cualquier tipo de operación comercial conducente a captar divisas para el país.
A partir de entonces el caos se conjugó con el temor en la cúpula dirigente del castrismo.
Hay dos versiones que explican la purga desatada por los hermanos Castro. La primera, confirma que los servicios norteamericanos de inteligencia, tenían pruebas comprometedoras de la participación de altos oficiales del régimen castrista en las operaciones de narcotráfico. Era imposible que los máximos dirigentes de Cuba desconocieran el asunto.
Los Castro se adelantaron y arrestaron a los involucrados. Todos ellos de operaciones especiales del MININT. No hay dudas de que participaban en el tráfico de drogas, como facilitadores de su envío hacia Estados Unidos y hasta como comerciantes en el mercado internacional. La duda en suspenso era hasta dónde conocían del asunto Fidel y Raúl Castro.
El general Ochoa pasó de “crítico indisciplinado”’y “charlatán” a narcotraficante.
Para muchos se trató de una oportunidad que no desdeñaron los Castro, para involucrarlo en el caso.
Como dice el dicho: “Dos pájaros de un tiro”. La dictadura se lavó el rostro, manchado con el polvo de la cocaína y eliminó de paso a un militar potencialmente peligroso. Soplaban ya en el mundo comunista de entonces los aires de la perestroika procedentes de Moscú.
Veinte años después hay muchas cosas que preguntarse y más aún que aclarar por parte de los involucrados que están vivos.
Para quienes contamos los hechos y adelantamos comentarios hay algo que destacar en este aniversario.
El general Ochoa, el coronel La Guardia, su hermano gemelo, el general Patricio, el ex ministro y general Diocles Torralba, y un gran número de implicados en el proceso, habían comenzado a criticar en privado a Fidel y Raúl Castro. Eran críticas y bromas ridiculizando a los Castro, surgidas en medio del alcohol y las comelatas de compañeros de armas.
Le costó la vida a algunos de ellos y a todos largas condenas de cárcel. Eran militares con mando de tropas. Venían de hacer la guerra.
Hace apenas dos meses Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Fernando Remírez, cometieron el mismo error: Entre tragos, dominó y carne asada, brotaron las críticas a los hermanos Castro y las bromas ridiculizando a la pareja del poder.
A ninguno de ellos le costó la vida ni han sido enviados a la cárcel. Sólo perdieron sus cargos, los que ejercían con el poder delegado. Eran simples funcionarios, burócratas, sin mando de tropas.