WASHINGTON.- Ella se había divorciado dos veces y estaba recién salida de Dakota del Sur cuando se enamoró de su mundana sofisticación. âl venía de una de las familias más privilegiadas de la ciudad, y admiraba el trabajo de ella ayudándole a la gente común.
Juntos, Gwendolyn y Kendall Myers se propusieron darle un nuevo significado a la segunda mitad de su vida. Al principio, desencantados ante el paso del cambio en Washington, el bisnieto de Alexander Graham Bell, quien en esa época era un empleado a sueldo del Departamento de Estado, y el ama de casa convertida en activista política se mudaron a Dakota del Sur, donde acogieron de buena gana un estilo de vida contracultural, llegando incluso a cultivar marihuana en el sótano de su casa. Marcharon por la legalización del aborto, promovieron la energía solar, y enmendaron relaciones con seis hijos de matrimonios anteriores.
Cuando los amplios espacios de Oeste se volvieron demasiado pequeños, la pareja regresó a Washington un año más tarde, renovando sus vínculos con el grupo dominante de políticos que ellos habían rechazado.
Sin embargo, el gobierno dice que la verdadera razón del regreso de los Myers en 1980 radicaba en espiar para Cuba. En una querella que se lee en algunas partes como una novela, fiscales federales alegan que Kendall Myers, de 72 años de edad usó su autorización de máxima confidencialidad para robar información confidencial de expedientes gubernamentales a lo largo de casi tres décadas, y que Gwendolyn Myers, de 71 años de edad, quien trabajó como cajera de banco, había ayudado a transmitir la información a despachadores cubanos. Ambos fueron arrestados previamente en el mes y están detenidos sin derecho a fianza.
El argumento más firme para respaldar el caso del gobierno pudiera haber sido expuesto por los mismos Myers. En la querella de 40 páginas, se citan las palabras de ambos diciéndole a un agente encubierto del FBI cuánto admiraban a Fidel Castro, cómo enviaron despachos secretos a La Habana a través de una radio de onda corta, dejaron paquetes para contactos en los carritos de tiendas locales de abarrotes, viajaron a lo largo de Latinoamérica para reunirse con agentes cubanos y emplearon documentos falsos para viajar a La Habana y conversar una noche con Castro.
Oficiales estadounidense dicen seguir intentando precisar cuáles secretos fueron robados y las consecuencias para la seguridad de la nación.
Todo parece indicar que los Myers no tenían motivaciones financieras. Las autoridades dijeron que aparte de los reembolsos por equipamiento, a la pareja no se le pagaba por espiar. Por el contrario, con base en las declaraciones, citadas en la querella, que según comentarios de un magistrado federal volvía “insuperable” el caso en contra de la pareja, ésta desdeñaba la política exterior de Estados Unidos -- el diario de Kendall Myers describía la experiencia de mirar el noticiario por televisión como una “experiencia que radicaliza” -- y abrigaba una visión romántica del gobierno comunista de Cuba.
Y, apenas pocos meses después que el retiro de Kendall Myers supuestamente pusiera fin al engaño, ellos insinuaron que el espionaje le suministraba aventura a lo que al parecer ha sido, por lo demás, una vida relativamente mundana. “Realmente los hemos extrañado”, dijo Kendall Myers en abril al agente encubierto del FBI, quien se estaba haciendo pasar por agente de la inteligencia cubana. “Ustedes, hablando colectivamente, han sido una parte en verdad importante de nuestras vidas, y nos hemos sentido incompletos”.
Las detenciones de los Myers, quienes han estado detenidos sin fianza desde que fueron detenidos previamente en el mes, captaron titulares por todo el mundo y desataron una andanada de mensajes entre Miami y La Habana. La fiscalía se ha negado a ofrecer comentarios acerca de la investigación en curso.
De manera encubierta, con base en los investigadores, Kendall Myers se convirtió en el agente cubano 202. Gwendolyn Myers se convirtió en la agente 123. La querella en contra de ambos decía que él solía extraer furtivamente documentos del Departamento de Estado o memorizaba información y después la transcribía en casa. Los investigadores notaron que él había tenido acceso a cuando menos 200 informes delicados o confidenciales, pertenecientes a Cuba, entre 2006 y 2007. En el ínterin, su esposa solía transferir información a contactos cubanos.
El FBI le advirtió al Departamento de Estado en 2006 sobre un presunto agente encubierto en la dependencia. En lo que pudiera terminar siendo una significativa coincidencia, ese fue el mismo año en que Kendall Myers llamó la atención por sus opiniones políticas.
En un discurso pronunciado en la universidad donde enseñaba, él ridiculizó la denominada “relación especial” entre Estados Unidos y Gran Bretaña por considerarla un mito, agregando que el Presidente George W. Bush había engañado al Primer Ministro Tony Blair para que respaldara la guerra en Irak.
Este discurso recibió amplia cobertura en la prensa británica, impulsando al Departamento de Estado a emitir un firme repudio.
“La suya no fue la representación medida y equilibrada que se esperaría de un funcionario del Departamento de Estado”, comentó Robin Niblett, especialista en Europa que hizo una presentación en el mismo evento.
Para el momento que el FBI alcanzó a la pareja, Kendall Myers ya se había retirado del Departamento de Estado y tenía un empleo de medio tiempo como profesor de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados. Pero, con base en la querella, cuando un agente encubierto que se hacía pasar por espía cubano saludó a Myers con un habano después de clases, la emoción del espionaje regresó.
Mas tarde, él y Gwendolyn se reunieron con el agente en un cuarto de hotel, diciendo que no deseaban reanudar actividades de espionaje de tiempo completo, pero que estarían dispuestos a trabajar como una fuerza de “reserva”, con base en el documento de la corte. Aunado a lo anterior, ellos dijeron que estaban impacientes por navegar hacia Cuba, país al que se refirieron como “casa”.
“Nosotros realmente amamos su país”, le dijo Kendall Myers al agente, con base en la querella. “La gente y el equipo sencillamente tienen importancia en nuestras vidas. Así que no queremos perder el contacto de nuevo”.