Marlene López dedicó su cuento Clavelina, la princesita que quería volar a Alexandra, una de las niñas que han enriquecido su universo espiritual. Pero ciertamente, ella es Clavelina, Azucena, la Princesa Gallina y todos los personajes imaginarios que ha creado y encarnan a la muchachita soñadora que aún no ha dejado de ser, esta escritora por vocación.
Nació en el pueblo de Jaruco, ubicado a las afueras de La Habana, Cuba; quizás no se haya trasladado físicamente lo suficiente como para tener vivencias que contar de lugares diversos, pero la riqueza de sus ensoñaciones le permite describir reinos de suntuosos palacios, chozas aisladas, enclavadas en el medio de los bosques, muebles tan antiguos que han sobrevivido a los avatares de un naufragio y el encuentro entre jóvenes doncellas con sus amados príncipes, que en el decursar del tiempo han sido las historias más socorridas de las madres para calmar los bríos de las niñas más inquietas.
Se radicó en Miami desde el año 2001 “porque vine al encuentro de mis hijos que me antecedieron en el exilio y porque quería ampliar el horizonte de oportunidades”. En Cuba estudió pedagogía y se licenció en educación preescolar.
“Siempre he preferido trabajar con niños. A los que cuidaba como maestra y se resistían a dormir a la hora de la siesta, los sedaba inventándoles historias y cantándoles canciones. “Los padres que me escuchaban querían conservar esos cuentos para poderlos repetir en casa y así comenzaron a escribirlos y guardarlos, hasta que esas historias se fueron acumulando y yo las fui conservando en el tiempo”.
Marlene recuerda que una de las cosas más preciadas en su vida ha sido el afecto familiar del que siempre ha disfrutado con sus padres, hermanos, después los hijos y ahora los nietos. También el sentido de protección que experimenta al lado de su esposo Pedro “que vive con los pies puestos en la tierra, pero respeta mi mundo de fantasía”. Sin embargo, reconoce que esa evasión de la realidad “aunque haya tenido una vida estable, es una reacción para enfrentar hechos que me marcaron en la infancia, como la epilepsia que padecía mi padre y que a partir del momento en que la descubrimos mi hermana y yo, nos hacía vivir con temor por lo que le pudiera ocurrir”.
“También el hecho de ser la hija más pequeña, puede que haya influenciado en mi manera de ver el mundo. Yo nací porque mi hermana lo pidió, además tengo otros cuatro hermanos de crianza, todos mayores que yo. Mi hermana me puso “señorita imaginación” y yo me ofendía creyendo que me llamaba mentirosa, pero es que desde muy pequeña en cada detalle encuentro historias y compongo leyendas”.
“Escribo historias que pueden ser leídas o escuchadas por los niños, pero también disfrutadas por los padres porque considero importante transmitir en ellas mensajes que inspiren el humanismo, la espiritualidad y esos valores que pueden enriquecer a todos”.
El volumen que lleva por título el nombre del cuento, Clavelina, la princesita que quería volar y que próximamente quedará impreso y puesto a la venta para el disfrute de los lectores, fue un deseo que Marlene pudo ver materializado porque en medio de las ocupaciones cotidianas que incluye el cuidado de sus nietos pequeños, una joven amiga, la alertó de la existencia de la editorial Voces de Hoy que es otro sueño convertido en realidad, a partir del empeño de un grupo de escritores inmigrados, que estando dedicados a otras labores para procurarse el sustento, no abandonan el oficio de la letras porque esa es la pasión que los mueve y ofrecen el apoyo necesario a otros que la comparten.
“Fui al primer encuentro con ellos sintiendo un poco de reticencia, porque realmente no me considero una escritora como tal, si no alguien que escribe las ideas que le vienen a la mente. Ciertamente, tuve la suerte de tropezarme con gente muy profesional y maravillosa, a las cuales les puedo agradecer en parte que próximamente sea presentando este primer libro y que ello me estimule la posibilidad de pensar en otros y quizás no sólo cuentos, sino también alguna novela.”
Como todo lo que nace de la espontaneidad, el estilo de Marlene puede considerarse único, aunque la influencia de escritores de nuestra cultura que transitan entre la realidad y la fantasía sin dejar lugar a los límites, están presentes, como advierte la editora del volumen, Estrella Fresnillo, en la nota introductoria del libro.
Lo particular es que el mundo imaginario existente sólo en la psicología infantil, Marlene logra dominarlo con destreza tal que leyendo las historias uno puede observar a la niña que sale a descubrir el mundo convertida en un ave y descubrirse en una escondite de la habitación donde los viejos muebles discuten preocupados cuál será el destino que les espera al verse despertados de su letargo por un luminoso rayo de sol.
Los años han trascurrido en la vida de Marlene López y aunque su cuerpo se trasladó de lugar, su corazón y su mente, viajan constantemente hacia el pueblito donde comenzó a soñar y que le provoca escribir historias para liberar ese sentimiento de nostalgia que embellece en todos sus cuentos con una ilimitada fantasía.