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Todos estos detalles significativos suelen adelantar que el bebé llegará a la edad escolar en óptimas condiciones para asimilar lo que los tutores y maestros le irán enseñando, pero puede ocurrir que los trastornos en el aprendizaje emerjan a pesar de la falta de indicios en el desarrollo emocional previo. No obstante, el tiempo transcurrido entre la primera palabra y las primeras frases es muy importante para evaluar si hay retraso.
EDUCACIÓN Y PADRES.
El tratamiento de los trastornos de aprendizaje pasa por la necesaria colaboración entre padres, educadores y psiquiatras o psicólogos infantiles, según Magda Campbell.
La medicación y la psicoterapia sólo se aconsejan en los casos más graves. Para abordar estos trastornos, lo más recomendable es reeducar al pequeño en el aprendizaje de la lectura, por medio de técnicas de reconocimiento de letras, de la enseñanza a través de los gestos y de ejercicios de giros o de corrección de la lateralidad (distinguir entre derecha e izquierda).
Es conveniente que los equipo psicopedagógicos de los centros orienten adecuadamente a los padres en el sentido de disminuir la presión de exigencia que tienen con los niños y, sobre todo, tener mucha paciencia.
En algunos colegios se han puesto en marcha experiencias interesantes, recogidas por el equipo dirigido por Shaffer y Campbell, consistentes en que los padres de estos niños leen y comentan textos con ellos, realizan juegos de atención y observación y les enseñan a razonar.
Por lo que respecta a la adecuación pedagógica, en el protocolo se aconseja una disminución de la presión del aprendizaje, una estimulación del conocimiento del alumno desde el punto de vista oral antes que escrito, anteponer la valoración del esfuerzo del niño al resultado y proporcionarle clases de refuerzo para que vaya equilibrando el nivel.