Publicado el 06-30-2009
Cuba: Fuerza,
funeraria y frijoles
Por José Ignacio Rasco
Si quisiéramos sintetizar el fracaso total del fulastre régimen cubano se me antoja que hay cantidad de vocablos que empiezan con “f” que pueden describir muy bien el fallido y fracasado fidelato.
La fuerza, la violencia, la opresión, sigue siendo el freno para la democracia, para el respeto de los derechos humanos. El fusilamiento es el arma más terrorista para detener toda insurrección y el reclamo de los derechos más elementales. Cuba sigue pisoteando y encarcelando a opositores por su pacífico proceder de reclamar el cumplimiento de los más elementales requisitos de toda sociedad civilizada en conformidad con las Declaraciones Universales que en el mundo de hoy representan los inalienables derechos de la persona humana y de toda sociedad civilizada. Incluso muchas que ya han sido firmadas por el hipócrita régimen cubano.
La fuerza, la violencia, ha sido el factor insustituible del régimen. Cuba obliga a la mudez a toda la población. Solo hay libertad para fablar en fábulas de homenaje a los mandones o a las movilizaciones del régimen como ha dicho Machado Ventura. Este espíritu de sumisión forzada ha obligado, solo en los últimos cuatro años, a la fuga de 135,000 cubanos de la Isla.
El hambre es un aliado del terror. Se ha llegado a limitar o negar a algunas familias el derecho a recibir alimentos o a racionalizarlos de una manera sádica en un país donde ya el PIB apenas ha alcanzado solo un 2.5.
La presión y la fuerza en todos los órdenes, civiles o militares, ha sido tal, que el hambre, antesala de la muerte, ha logrado que el nivel de mortalidad de la población esté creciendo de tal modo que los 11,244 millones de habitantes que se contaron en el 2008 habrá perdido 100,000 personas para el 2025 y será por debajo de los 11 millones en 2032, no solo por envejecimiento, sino también porque los rigores del hambre harán bajar el índice de fecundidad y de la propia vida.
La crisis del frijol --especialmente el negro-- plato típico del yantar cubano, retrata muy bien las caracaterísticas anómalas de toda la economía cubana. Raúl Castro –al acordarse de la leyenda supuesta de su mejor efectividad económica y práctica, dispuso casi una nueva reforma agraria para que los frustrados sembradores agrícolas combatieran la hambruna existente con el rico y popular frijol negro, tan usado en otras épocas de la economía nacional. Y amenazó con ofrecer tierras y semillas para los campesinos cediéndoles parcelas ociosas olvidadas. Prometió donar propiedades que luego se convirtieron en usufructos fallidos que exigían primero una intensa faena de limpieza, lo que produjo, como siempre, un vaivén de fachada y fracaso que alejó a los campesinos frijoleros. Total que la carencia siguió siendo signo de fracaso para el frijol y aún para el que se coloreaba con el del rojizo tono comunistoide. Ni siquiera los 192,000 estudiantes convocados para colaborar en las siembras, y no solo del frijol, sino también del tomate, la papaya, la acelga, la malanga y otros productos que pudieran resolver el problema del hambre en la gran familia cubana, no de la oligarquía gobernante, que hurta de donde sea para satisfacer su fagocitosis. Pero además, los productores del frijol exigieron aumento en el pago del grano. Todo este esfuerzo caótico, según las propias estadísticas del régimen, indican que de las 88,000 hectáreas dedicadas para “afrijolar” al país, el 49% procede de fincas privadas y el resto de cooperativas, huertos y empresas estatales.
Por todo lo anterior, creo que la violencia, es decir, la Fuerza y el crimen que simbolizo con la Funeraria y el hambre que concreto en la Frijolera resume bien el Fracaso del Fidelato.
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