inaugurará el próximo sábado con la celebración de las Vísperas.
La Capilla Paulina, lugar de culto (en ella se expone el Santísimo Sacramento) y reservada al Papa y la familia Pontificia, fue encargada por el papa Pablo III Farnese (1534-1549) a Antonio de Sangallo, que la comenzó en 1537.
Miguel Ángel fue el encargado de los frescos sobre la “Conversión de Saulo”, que comenzó en 1542, y de la “Crucifixión de San Pedro”, iniciado tres años más tarde, para concluir el conjunto en 1550.
Ubicada a pocos pasos de la Capilla Sixtina, la restauración ha sido dirigida por el histórico del arte Arnold Nesselrat y realizada por el equipo de restauradores de los Museos Vaticanos, que dirige Maurizio De Luca, y entre los que se encuentra el español Javier Barbasán Camacho.
Los trabajos han costado 3 millones de euros (4,2 millones de dólares) y han permitido devolver la luminosidad a los colores elegidos por el genial Miguel Ángel y descubrir a los restauradores las pinceladas del artista toscano.