el enemigo.
Sin embargo el imaginario popular hace una lectura más directa de la telenovela. La gente se pregunta un asunto más simple. Si en esos altos círculos del poder se cuestiona la viabilidad del proyecto castrista y a sus dirigentes, si los llamados “talibanes” del castrismo se burlan de los dirigentes históricos y se cuestionan el futuro del régimen, ¿Cuál no será la opinión del cubano de a pie que día a día, sufre en carne propia la ineficiencia del castrismo y su represión política?
Para la cúpula dirigente, reducida a un pequeño número, que no sobrepasa hoy por hoy el número de dedos de nuestras manos, hay una conclusión más alarmante.
Los “desleales” eran los escogidos de la vanguardia del relevo generacional. Se suponía que ellos serían los continuadores del modelo diseñado por el castrismo. Los representantes del continuismo. ¿Dónde están ahora los sucesores? ¿Cuál es el destino de la dictadura, cuando desaparezcan del escenario político sus pocos representantes históricos?
Por supuesto que esas preguntas no se plantean en el vídeo. Pero flotan en el ambiente cuando uno lee las reseñas escritas en la prensa internacional sobre esta telenovela del momento.
Los corresponsales destacados en La Habana de los diarios españoles El País y La Vanguardia y del mexicano La Jornada, han escrito la pasada sendos reportajes sobre la telenovela, con amplios detalles de lo que les fue contado por quienes la vieron y escucharon.
Dice El País, citando al vídeo, que la esposa de Conrado Hernández, “era teniente coronel médico y trabajaba en el CIMEQ, el hospital donde estuvo ingresado el ex mandatario (Fidel Castro) más de un año. Al parecer, de esta fuente tan cercana procedían muchas de las informaciones que supuestamente iban a parar a España”.
La Vanguardia comenta que “Lage y Roque empiezan respondiendo con negaciones, evasivas y vaguedades. Pero, a la vuelta de un receso concedido por Raúl tras invitarles a “admitir sus errores”, empiezan a reconocer posibles patinazos y –nos dicen– a amilanarse. Castro sigue preguntándoles al tiempo que les recuerda las relaciones familiares y amistosas que ha mantenido con ellos y les enseña evidencias y adelantos de lo que más tarde quedará claro a base de conversaciones pinchadas, grabaciones con cámara oculta y fotos de reuniones y juergas impresentables”.
La Jornada cuenta que “Un hecho fortuito puso bajo los reflectores, además, a Carlos Valenciaga, jefe de despacho de Fidel Castro desde 1999. Según las fuentes, el 16 de septiembre de 2006 Valenciaga celebró su cumpleaños en un salón del Palacio de la Revolución, cerca de donde el líder cubano pasaba la fase más aguda de la enfermedad que terminó por alejarlo de la actividad pública”.
En fin, como diría un amigo “el mar”.